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Como antorchas en la oscuridad

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«Alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mateo 5: 16).

UNA DE LAS PRIMERAS antorchas consistió de un manojo de trozos de madera fuertemente atados entre sí e impregnados con aceite o sustancias resinosas. Otra de las lámparas más antiguas fue una vasija de barro cocido, o de metal, con una mecha impregnada de aceite. Actualmente, hay una gran diferencia entre las lámparas modernas y las antiguas. Tenemos lámparas de gas, de corriente eléctrica, de baterías, de carburo y petróleo, en diferentes estilos y modelos. Hasta el teléfono celular tiene aplicaciones para alumbrar. La antorcha debe tener tres cosas: materia, combustible y fuego (Levítico 24: 1, 2; 2 Timoteo 1: 6).

Una lámpara encendida simboliza rectitud de carácter. Es emblema de prosperidad. La luz siempre ha sido un símbolo de la presencia divina. ¿Qué simboliza una lámpara apagada? Simboliza ruina, maldición y muerte.

Cierto día, un caballero fue a visitar unas grutas que hay debajo de los cerros para conocerlas, porque eran promovidas en anuncios comerciales. Se introdujo en ellas, admirando la belleza de las estalactitas y las estalagmitas que dibujaban el paisaje. Cuando llevaba media hora de recorrido, de pronto se fue la luz dentro de esa cueva natural. Comenzó a sentir la ansiedad por salir pronto de esa situación. Como no veía ni sus propias manos, tuvo que comenzar a gatear sobre el camino hecho de pavimento en busca de la salida. De pronto, chocó con otra persona que hacía lo mismo que él. Allí, en la oscuridad, se sentaron a platicar por un momento; la discusión giraba en torno a quién de los dos iba en la dirección correcta. Pero cuando llegó de nuevo la luz, se dieron cuenta de que los dos iban en la dirección equivocada. Cuán importante es la luz para desvanecer las tinieblas y comprender la verdad del evangelio y el plan de Dios para salvar al pecador.

El cristiano es una antorcha encendida en la oscuridad de este mundo, que puede direccionar a las personas hacia la vida eterna. Jesús dijo de Juan el Bautista: «Él era antorcha que ardía» (Juan 5:35). Así como Juan el Bautista fue una luz en su tiempo y preparó el camino para la primera venida de Jesús, nosotros fuimos llamados para ser una luz de amor, de bondad y de misericordia en este tiempo cuando las tinieblas predominan sobre la luz. Cristo viene pronto para llevar a todos los que andan en su luz. ¿Estás caminando en ella?


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