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Cristo nuestro Salvador

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«Vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso y actuará conforme al derecho y la justicia en la tierra» Jeremías 23: 5, 6).

JESUCRISTO ES NUESTRO ETERNO SALVADOR Nació en este mundo pero no era de este mundo. Murió, pero volvió a la vida. Fue sepultado, pero salió de la tumba para vivir eternamente. Ocupó una tumba en esta tierra, pero su tumba permanece vacía. Cristo ahora vive para interceder por nosotros. Está en el Santuario celestial para darnos la bienvenida al reino eterno. Solamente él pudo ser el salvador del mundo, y por eso tenemos esperanza.

Jesús fue el Mesías esperado. Si él no hubiera venido a rescatarnos, este mundo ya habría perecido. El profeta Miqueas lo confirma: «De ti ha de salir el que será Señor en Israel» (Miqueas 5: 2).

Cuando Jesús se encontró con la mujer samaritana junto al pozo de Jacob, ella le declaró: «Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas» (Juan 4: 25). La mujer estaba segura de que el Mesías, el ungido de Dios, nuestro Salvador, resolvería el problema del pecado, y que le daría nueva dirección a la vida, uniendo al hombre con Dios. Así fue como lo dijo la mujer a sus vecinos de Samaria: «Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho. ¿No será este el Cristo?» (Juan 4: 29). Muchos vinieron a Jesús, creyeron en él y lo aceptaron totalmente en sus vidas. Después, testificaron: «Ya no creemos solamente por lo que has dicho, pues nosotros mismos hemos oído y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, el Cristo » (Juan 4: 42).

Cristo es nuestro Salvador y sin él la vida no tiene sentido. Únicamente en Jesús seremos salvos y alcanzaremos la victoria sobre el mal. Jesús nos llama: «El Espíritu y la Esposa dicen: “¡Ven!”. El que oye, diga: “¡Ven!”. Y el que tiene sed, venga. El que quiera, tome gratuitamente del agua de la vida» (Apocalipsis 22: 17). Pidamos hoy a Dios que nos salve del poder del pecado y viva en nuestro corazón.


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