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¿Qué hacer con el Cordero?

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«Ya sabéis que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir la cual recibisteis de vuestros padres no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación» (1 Pedro 1: 18, 19).

CUANDO JUAN EL BAUTISTA vio a Jesús como el Cordero de Dios, estaba definiendo que él era la ofrenda definitiva ofrecida por el pecado. De hecho, todo el sistema sacrificial establecido por Dios en el Antiguo Testamento sirvió como base para la venida de Jesucristo, quien era el perfecto sacrificio que Dios proveería como expiación por los pecados de su pueblo.

¿Qué hacer con el Cordero de Dios? Juan nos aconseja que debemos mirar a Jesús como el Cordero perfecto que perdona todos los pecados, porque en él hay salvación. También debemos comer de la carne del Cordero y beber su sangre para tener parte con él en el reino. Jesús dice: «El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el día final» (Juan 6: 54).

Comer la carne y beber la sangre de Cristo es recibirle como Salvador personal, creyendo que perdona nuestros pecados, y que somos completos en él. Contemplando su amor, y espaciándonos en él, absorbiéndolo, es como llegamos a participar de su naturaleza (E. G. White, El Deseado de todas las gentes, pág. 353).

Por otro lado, así como en la Pascua una familia pequeña compartía el cordero con otra familia vecina, también nosotros debemos compartir con otros la carne del Cordero (Éxodo 12: 4). Compartir a Cristo es hablar de él a otros que no lo conocen y comunicar las promesas de la Palabra de Dios con ellos. De la misma manera, debemos adorar al Cordero de Dios que está en pie en medio del trono en los cielos. Los seres celestiales lo adoran y dicen a gran voz: «El Cordero que fue inmolado es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza» (Apocalipsis 5: 12).

Hoy, contemplemos, comamos, compartamos y adoremos al Cordero, para triunfar con él por siempre.


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