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Cómo obtener la paz que Cristo ofrece

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«Ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación» (Efesios 2: 13, 14).

CUANDO EL MUNDO ESTABA HUNDIDO en la miseria y muy lejos de Dios, Cristo vino para traer redención. Si no hubiese venido para traer esperanza, ya este mundo hubiera llegado a su fin. Gracias a su presencia entre nosotros es que podemos tener paz. Esa paz es un don de Dios a los que creen. Es tranquilidad y sosiego. Es descanso, seguridad y confianza en Cristo. ¿Cómo se consigue esa paz?

El secreto está en la fe en Dios. Así lo declara el apóstol Pablo: «El Dios de la esperanza os llene de todo gozo y paz en la fe, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo» (Romanos 15: 13). La paz de Dios nos sostiene cuando enfrentamos aflicción o Soledad (Juan 16: 33). Es una confianza incondicional en el Redentor aunque las cosas no funcionan como nosotros esperábamos. Aún más, guardar los mandamientos de Dios produce paz abundante (Isaías 48: 18). En la obediencia impulsada por el amor a Dios encontramos el secreto de la verdadera paz con él.

Hace algunos años, una madre viuda viajaba por las montañas de Escocia, cuando fue sorprendida por una tempestad de nieve que le impidió llegar a su destino. Pasó toda la noche luchando contra el frío. A la mañana siguiente, la encontraron helada y muerta, pero en su regazo encontraron vivo a su bebé, a quien cubrió con toda la ropa que traía. De la misma manera, Dios ofreció su vida para salvar a su Hijo y a partir de ese momento, protege en su regazo a todos aquellos que creen en él.

Nunca olvides esta buena noticia: Jesús dio su vida para que tú y yo tengamos paz y seamos salvos por su vida.


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