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El fin del tiempo de gracia

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«La gracia de Dios se ha manifestado para salvación a toda la humanidad, y nos enseña que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente» (Tito 2: 11, 12).

LA GRACIA SALVADORA DE CRISTO ofrecida a toda la humanidad comenzó desde antes de la fundación del mundo. El apóstol Pablo así lo afirma: «Nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él» (Efesios 1: 4). No fuimos predestinados para ser destruidos, sino para ser salvos por su gracia. Desde antes que este planeta fuera creado por Dios, ya nos había elegido para ser destinatarios de su gracia en caso de que eligiéramos separarnos de él. Lo más excelso de la gracia divina es que nos eligió para él, para ser parte de su pueblo, y esta elección fue antes de la creación. El apóstol Pablo menciona:

Sabemos, además, que a los que aman a Dios, todas las cosas los ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. A los que antes conoció, también los predestinó para que fueran hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos (Romanos 8: 28, 29).

 La gracia divina tuvo su comienzo, pero también tiene su fin. Pronto llegará el fin de la gracia para el universo, marcado por algunos eventos sobresalientes. Primero, terminará el sellamiento de los que han aceptado a Cristo como su Salvador personal, como lo podemos leer en Apocalipsis. En ese momento, los ángeles que están deteniendo los poderes de la naturaleza habrán de soltarlos a la orden de Dios, porque el tiempo de Dios habrá sido cumplido y todo habrá terminado. Solamente los que hayan aceptado la gracia de Cristo vivirán por fe, mientras viene el Señor y los rescata del gran cataclismo para llevarlos al cielo. El sello en la frente tiene que ver con la fe profunda del hombre en Dios.

La caída de las siete postreras plagas también será un indicador de que la gracia habrá terminado. Este evento terrenal será consecuencia del fin de la intercesión de Cristo en el Santuario celestial. El apóstol Juan menciona: «El templo se llenó de humo por causa de la gloria de Dios y por causa de su poder. Nadie podía entrar en el templo hasta que se cumplieran las siete plagas de los siete ángeles» (Apocalipsis 15: 8). El fin del sellamiento y las siete postreras plagas marcarán el fin de la gracia para el planeta Tierra, y nosotros necesitamos prepararnos hoy para ese momento final, ya que la gracia todavía es concedida.


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