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La recompensa de los redimidos

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«Nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor» (1 Tesalonicenses 4: 17).

LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO representa el momento culminante en el plan de salvación para los redimidos. La salvación esperada por tantas generaciones de santos hijos de Dios se vuelve ahora una realidad. Es un momento histórico y único donde los seres celestiales se unen en solemne adoración a Cristo por haber dado su vida por la humanidad. Es el clímax de nuestra redención.

La venida de Jesús se dará en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta. El ascenso del pueblo de Dios será más lento. E. G. White, en su primera visión, contempló: «Juntos entramos en la nube y durante siete días fuimos ascendiendo al mar de vidrio, donde Jesús sacó coronas y nos las ciñó con su propia mano» (E. G. White, Primeros escritos, pág. 16). E. G. White describe que, al llegar al mar de vidrio, Jesús los condujo a la puerta de la ciudad. En la visión, los ángeles traían de la ciudad brillantes coronas, una para cada santo, cuyo nombre estaba inscrito en ella, y Jesús mismo las colocaba. Después, les entregó arpas en sus manos. Al llegar a la puerta, Jesús levantó su brazo y abrió la puerta para dar la bienvenida, invitándolos a entrar. Luego, Jesús los condujo al árbol de la vida y les dijo: «“Las hojas de este árbol son para la sanidad de las naciones. Comed todos de ellas.” El árbol de vida daba hermosísimos frutos, de los que los santos podían comer libremente» (ídem, pág. 288).

Al narrar la visión, la escritora expresó que las palabras son demasiado pobres para intentar una descripción del cielo. La gloria venidera no se puede comparar con ninguna gloria terrenal. No hemos hecho nada para obtenerla. Se adquiere cuando aceptamos a Cristo y le permitimos que transforme todo nuestro ser. Cuando él está en nosotros y nosotros en él, entonces tenemos la garantía de la vida eterna. Esta es la herencia celestial para ti y para mí.

Anhelo disfrutar de esa tierra nueva, tan diferente a nuestra experiencia actual. ¿Estás haciendo de Cristo lo primero y lo más importante en tu vida, para poder disfrutar con él cuando regrese a buscarnos?


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