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El poder del evangelio

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«No me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree, del judío primeramente y también del griego» (Romanos 1: 16).

PABLO VEÍA ILÓGICO AVERGONZARSE por algo capaz de transformar la vida y traer salvación a la personas. Sí, el evangelio en el que creemos es un evangelio de poder. Nuestra prioridad, entonces, es conocer el evangelio. Pero ese conocimiento es más que teórico. En Tesalonicenses, el apóstol Pablo menciona que el evangelio no solamente nos llegó en palabras, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre.

 Además, debemos creer en el evangelio. Creer es esa confianza de que, por medio del evangelio, seremos salvos. Tenemos el ejemplo de Felipe, quien instó al eunuco a creer de todo corazón para ser salvo (Hechos 8: 37). Cuando creemos, le entregamos todo a Dios: nuestra vida, nuestro tiempo, nuestros talentos, nuestros tesoros. Nada queda oculto ante su vista. Cuando creemos, el gozo del evangelio inunda nuestro ser. Finalmente, debemos proclamar ese evangelio. No podemos quedarnos callados. Si el evangelio está en nuestro corazón, cada palabra y acción estarán teñidas por él, y se convertirán en un testimonio vivo para los demás. Proclamaremos que Cristo nos ha salvado y que ahora somos felices en él.

El propósito del evangelio es revelar la justicia de Cristo. Es en este evangelio que la justicia de Dios se revela por medio de la fe, y para generar fe. También revela su carácter, que es todo amor. Revela su santidad como un camino en el que jamás podemos extraviarnos. Revela la gracia de Dios y, sobre todo, revela la paz.

Gilberto estaba perdido en el fango del pecado, en los vicios. Todos los días, después de su trabajo, pasaba a la cantina y llegaba a su casa alcoholizado. Peleaba con su esposa, sus hijos e incluso con los vecinos. Era un mal ejemplo en la comunidad donde vivía. Pero un día, llegó una Biblia a sus manos. El Espíritu Santo lo impulsó a leerla y se encontró con el evangelio que trae paz y salvación. Sintió la necesidad de asistir a una iglesia. Invitó a su familia y todos comenzaron a concurrir. Después de haber tomado estudios bíblicos, se bautizaron y hoy son una familia feliz, con la esperanza de ser salvos en Cristo Jesús. Este es el poder del evangelio. Que ese poder actúe en tu corazón hoy.


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