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Colaboradores de Cristo (1a. parte)

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«Vinieron a él unos trayendo a un paralítico, que era cargado por cuatro» (Marcos 2: 3).

EL SEÑOR JESÚS eligió Capernaúm, una ciudad a orillas del mar de Galilea, como centro provisional de operaciones. Escogió la casa de Pedro y Andrés. La Biblia dice que se oyó decir que estaba en casa, no porque allí hubiera nacido, ya que nació en Belén; tampoco porque fuera el lugar donde se crió, que fue Nazaret, escogió Capernaúm como su centro misionero porque allí vivían sus primeros discípulos, Pedro y Andrés.

En su Evangelio, Lucas menciona que, cuando Jesús llegó a la casa, encontró que estaba llena de personas que habían ido de todas partes. Estaban presentes fariseos y doctores de la ley que habían acudido desde Galilea, Judea y Jerusalén. En la casa había personas interesadas en escuchar a Jesús y aprender de él. Otros fueron para criticarlo, y algunos para condenarlo por ejercer un poder que ellos desconocían. En esa casa sucedió uno de los milagros más notables en la vida de Jesús: curara un paralítico que dependió de la fe de otros para ser sano. En la siguiente parte de esta reflexión estudiaremos más a fondo cómo fue que esos otros manifestaron esta fe.

La de Pedro era una casa de la época, con paredes de piedra, amplia, pero sin ventanas y con una sola puerta. Algunos comentaristas afirman que probablemente tenía unos agujeros en las paredes para mirar hacia afuera. Tenía una escalera por fuera para subir al techo. No se conocen los nombres de las cuatro personas que llevaron al paralítico ante la presencia de Jesús. Tampoco se sabe cuál era su oficio ni su origen. Pero esas cuatro personas realizaron tres acciones: se unieron para ayudar a su vecino en necesidad, vencieron todas las barreras que encontraron, y creyeron que Cristo podía sanarlo y salvarlo.

 Colaborar con Cristo, ayudando al necesitado para que se encuentre con él, es nuestra misión. Pongámoslo en práctica hoy.


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