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Invitados a la cena

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«Jesús le dijo: "Un hombre hizo una gran cena y convidó a muchos"» (Lucas 14: 16).

HOY NOS EN CONTRAMOS ante un dilema: seguir o retroceder ante los desafíos que se nos presentan. Sin embargo, los grandes retos son para enfrentarlos hoy, no mañana. Alguien dijo una vez: «Para ti, no hay mañana». Por eso, el sabio Salomón menciona: «El camino de la vida es hacia arriba» (Proverbios 15: 24). Hay que escalar cumbres, y esta es la cuesta de la vida cristiana. Es el camino del servicio a Dios, porque la vida es un camino de progreso y desarrollo, no es para mirar hacia atrás. No es momento de detenerse y claudicar, sino de hacerle frente al camino lleno de obstáculos. Pero en el nombre de nuestro Señor seguiremos adelante y triunfaremos, porque él nos ha invitado a la cena del Cordero.

Según el registro bíblico de Lucas 14: 16, la invitación a la cena es única. Todo está preparado. Es un privilegio ser invitados a ella. Apocalipsis afirma que los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero son bienaventurados (Apocalipsis 19: 9). Esta gran cena representa la invitación a participar de su reino celestial, cuando Jesús venga por segunda vez en gloria y majestad. El Señor Dios ha provisto un banquete para toda la raza humana. Esta fiesta está abierta a todos los que acepten la invitación. Solo hay una condición:

Nadie probará de la cena de las bodas del Cordero, si no tiene el traje de boda. [...] Ahora es el momento de revestirse de la justicia de Cristo, el traje de bodas que os habilitará para entrar en la cena de bodas del Cordero» (E. G. White, A fin de conocerle, págs. 266, 352).

Ya que la invitación a la cena es única para todos los que acepten a Cristo en su corazón, vayamos hoy a él y preparémonos para la cena del Cordero. Velemos y oremos para disfrutar de ese gran banquete.


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