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Un poema de amor

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«Las muchas aguas no podrán apagar el amor ni lo ahogarán los ríos. Y si un hombre ofreciera todos los bienes de su casa a cambio del amor, de cierto sería despreciado» (Cantares 8: 7).

SALOMÓN Y LA SULAMITA expresan los ideales de un matrimonio estable y feliz. La palabra «sulamita» es la expresión femenina del nombre de Salomón, dando a entender que ella es su otro yo, su contraparte, su imagen visible en el espejo. El Cantar de los Cantares refleja los sentimientos más íntimos de ellos, y revela la profundidad de la comunicación que tenían. En este cantar de Salomón, el matrimonio es una experiencia elevadora, de mutua solicitud, de gozo y de realización.

La esposa era todo para él, y él era todo para ella. Salomón y la Sulamita se olvidaron del dolor y el sufrimiento, se olvidaron de que estaban viviendo en un mundo lleno de maldad, y se concentraron en ellos mismos como si nadie más viviera en su bello ambiente. Por eso Cantares es la vivencia de un matrimonio que, a pesar del pecado, el sufrimiento y el dolor, se vive con la atmósfera del Edén. Salomón compara el matrimonio con el ambiente de los árboles, las flores, el sol, la luna, los pájaros y los animales, y se ve experimentando ya la tierra renovada, con un amor sano y una confianza en su pareja como si nunca más la fuera a perder de vista.

Ella lo ve a él como lo más hermoso de la creación de Dios, como el hombre que Dios creó exactamente para ella. Solamente tiene ojos para él y un amor profundo y sin egoísmo. Ella le canta: «Mi amado ha bajado a su jardín, a las eras de las especias, a apacentar en los huertos y recoger los lirios. ¡Yo soy de mi amado, y mi amado es mío! Él apacienta entre los lirios» (Cantares 6: 2, 3). Este texto bíblico expresa una excelente comunicación y una relación de amor muy fuerte en una pareja.

 Nadie ha dicho que la vida de casados sea fácil, pero si Cristo está presente en el hogar lidiamos de modo distinto con los problemas del diario vivir. Habrá un ambiente permeado de amor, perdón, gracia y tolerancia. Invitemos a Jesús a que more en nuestro hogar cada día.


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