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La bondad siempre vuelve

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«Cuando el centurión oyó hablar de Jesús, le envió unos ancianos de los judíos rogándole que viniera y sanara a su siervo» (Lucas 7: 3).

EL CENTURIÓN del relato anterior también se ganó el corazón de los judíos, quienes testificaron que quería mucho a su nación. La bondad de este hombre conquistó el corazón de los habitantes de Capernaúm. Por eso le dijeron a Jesús que ese romano merecía que sanara a su siervo. Las barreras del prejuicio y del odio son derribadas cuando la bondad nace del corazón.

El centurión construyó un templo para los judíos con sus propios recursos, no con dinero del gobierno de Roma. Su bondad se demostraba con hechos y no solo palabras.

La bondad es bella. Se ejerce cada día, en cada paso de nuestro caminar. Cada persona con la que tratamos representa una nueva oportunidad de manifestar amor, simpatía, comprensión, cariño; es decir, bondad en todas sus dimensiones. La bondad es como echar el pan sobre las aguas que, después de un tiempo, regresa.

En realidad, la bondad es una de las marcas distintivas del cristiano. «Un cristiano bondadoso y cortés es el argumento más poderoso que se pueda presentar en favor del cristianismo. Las palabras bondadosas son como el rocío y suaves lluvias para el espíritu» (E. G. White, El colportor evangélico, pág. 76). No hay animadversión que pueda resistirse a un trato bondadoso constante. Ante ello, todos los argumentos resultan inútiles.

En realidad, la bondad es un concepto tan amplio, que solamente el carácter de Cristo puede agotar todas sus aristas de significado. Incluso cuando Cristo reprendía, sus palabras estaban teñidas por una bondad irrefrenable. Ser como Cristo, entonces, significa ser bondadosos y tratar con bondad a nuestros semejantes.

La sociedad actual está saturada de violencia y agresión. El uso de insultos por parte de las personas se ha hecho muy común. Esa violencia verbal destilla desde los medios de comunicación hasta los hogares, donde tiene un impacto aterrador. Por eso es que necesitamos expresar palabras de bondad en la familia en primer lugar, para luego extender ese trato a los que nos rodean en los círculos más amplios.

Que hoy nuestras palabras sean bondadosas y ofrezcan alivio al cansado, ánimo al afligido y fortaleza al débil.


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