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Intercesión paternal

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«Tomándolos en los brazos, ponía las manos sobre ellos y los bendecía» (Marcos 10: 16).

DURANTE EL MINISTERIO DE CRISTO, los padres traían a sus hijos para que él los tocara, los tomara en sus brazos y los bendijera. Los padres sabían que el toque de Jesús había impartido sanidad. Hoy, más que nunca, los padres deben ir a Jesús en busca de un toque divino para sus hijos. Las redes de Satanás son más sutiles hoy que ayer, y ha llenado al mundo de densas tinieblas para que no podamos ver a Jesús.

Los padres deben interceder por los hijos ante Dios como Job, que ofrecía sacrificios cada día por los pecados de sus hijos, para que Dios tuviera misericordia de ellos y los limpiara. Los padres debemos preguntarnos: «¿Cómo iré al cielo sin mis hijos? ¿Qué cuentas rendiré ante Dios por la grey que medio?». Algunos padres se han preocupado por sus hijos y los han preparado para el bautismo. Los han inducido a entregar su corazón a Dios, orando por ellos, estudiando la Biblia y llevándolos a la iglesia para encontrarse con Dios. Los padres tenemos una solemne responsabilidad.

Padres, si pierden su oportunidad, Dios tenga piedad de ustedes, pues en el día del juicio el Señor preguntará. «¿Dónde está el rebaño que te fue dado, tu hermosa grey?» [...]. Supongamos que llegaras al cielo y ninguno de tus hijos estuviera allí. ¿Cómo podrías decir a Dios: «Heme aquí, Señor, y los hijos que tú me diste»? El cielo toma nota del descuido de los padres. Se registra en los libros del cielo (E. G. White, Conducción del niño, pág. 53l).

Si no lo has hecho, es tiempo de comenzar a interceder por tus hijos ante Dios, pidiendo que su gracia sea derramada sobre ellos. Mientras duermen, están en la escuela o de paseo, llevemos en oración a nuestros hijos ante la presencia de Cristo, para que los toque y los bendiga. Empieza hoy, mañana puede ser demasiado tarde.


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