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De tal palo, tal astilla

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«Estas palabras que yo te mando hoy estarán sobre tu corazón. Se las repetirás a tus hijos, y les hablarás de ellas estando en tu casa y andando por el camino, al acostarte y cuando te levantes» (Deuteronomio 6: 6, 7).

DEBIDO AL CRECIMIENTO de la tecnología y el ajetreo de la vida moderna, el nivel espiritual de la familia cristiana se ha visto afectado. La preocupación de la iglesia es mejorar el nivel espiritual de los hijos, ya que esto provee a la familia una mayor seguridad y gozo en el servicio. Si la Palabra de Dios anida en la mente y los corazones de los hijos, el Espíritu Santo los instruirá a lo largo de toda su vida. Las oraciones de los padres levantan barreras de protección alrededor de los hijos:

Por la mañana, los primeros pensamientos del cristiano deben fijarse en Dios. Los trabajos mundanales y el interés propio deben ser secundarios. Debe enseñarse a los niños a respetar y reverenciar la hora de oración [...]. Es el deber de los padres creyentes levantar así, mañana y tarde, por ferviente oración y fe perseverante, una valla en derredor de sus hijos. Deben instruirlos con paciencia, enseñándoles bondadosa e incansablemente a vivir de tal manera que agraden a Dios (E. G. White, Conducción del niño, pág. 491).

Los resultados de varios estudios sugieren que una cuarta parte nada más de las familias cristianas practican el culto familiar diario. Otra cuarta parte lo hace una vez por semana. La otra mitad de las familias no cultivan el culto familiar o lo hace muy esporádicamente. E. G. White insta: «Padres y madres, necesitáis buscar a Dios por la mañana y por la noche, en el altar de la familia, para que podáis aprender a enseñar a vuestros hijos sabia, tierna y amorosamente» (ídem, pág. 489). El consejo es que los padres deberían reunir alrededor suyo a los hijos y pedir a Dios por ellos cada mañana, antes de comenzar las actividades cotidianas. Deberían hacer lo mismo al final del día, agradeciendo a Dios por su cuidado y su protección, y pidiendo un descanso reparador.

Sabemos que el culto familiar tiene una influencia penetrante para desarrollar valores cristianos en los hijos. ¿Cómo puede ser que no aprovechemos un medio tan poderoso para atender a nuestros hijos? Si su espiritualidad depende en gran medida del esfuerzo de los padres por reunirlos a su alrededor todos los días para acercarlos a Dios, entonces es tiempo de comprometernos a hacer todos los días el culto familiar.


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