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La bendición del sábado

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«El sábado fue hecho por causa del hombre, y no el hombre por causa del sábado» (Marcos 2: 27).

EL SÁBADO es un sello de oro que une a Dios y su pueblo. El sábado es la piedra de toque de Dios, y ningún hombre, aunque sea rey, sacerdote o gobernante, tiene derecho sustituir este día destinado para adorar a Dios. El sábado pertenece a Cristo. El sábado es una señal de la relación que existe entre Dios y su pueblo. A nosotros, como a Israel, se nos da el sábado como «pacto perpetuo».

Para los que reverencian su santo día, el sábado es una señal de que Dios los reconoce como su pueblo escogido. El sábado constituye el monumento de Dios que conmemora su obra creadora, y es una señal que debe mantenerse delante del mundo. Es el sello del Dios vivo. El sábado es dedicado a la adoración y al descanso. El sábado puede llegar a ser para nosotros un pequeño santuario en el desierto de este mundo, en el que podemos liberarnos de nuestras preocupaciones. Si el descanso del sábado fue deseable para los seres sin pecado del paraíso, ¡cuánto más esencial lo es para los falibles mortales que se preparan para entrar de nuevo en esa bendita morada! Finalmente, el sábado permanecerá después que el pecado haya sido eliminado.

El sábado es un pilar fundamental de nuestra fe.

Creemos en el sábado del cuarto mandamiento porque está señalado explícitamente, y es el fundamento de nuestra fe religiosa. Que ninguno se avergüence de esto [...]. No aceptamos la autoridad de los concilios humanos, sino nos adherimos a los concilios celestiales. «Para siempre, oh Dios, permanece tu palabra en los cielos» (Salmos 119: 89). Aceptamos un «así dice Dios». Esta es nuestra posición (E. G. White, A fin de conocerle, pág. 355).

La Biblia enseña que el sábado da testimonio tanto del poder creador como del poder santificador de Dios, y su observancia es un reconocimiento de fe en su poder para crear y recrear, o santificar la vida de los seres humanos.

Si el sábado es una delicia, un gozo y un placer para el creyente, vale la pena entrar en él y reposar conforme a la palabra de Dios. Propongámonos disfrutar del próximo sábado y recibir así sus incontables bendiciones.


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