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Hoy es día de buenas noticias

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«Se dijeron unos a otros: "No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas noticias y nosotros callamos. Si esperamos hasta el amanecer, nos alcanzará nuestra maldad. Vamos pues, ahora, entremos y demos la noticia en la casa del rey"» (2 Reyes 7: 9).

LA PAZ DE ISRAEL con Siria duro poco tiempo. El rey de Siria organizó su ejército para ir contra Samaria. Cuando la sitió, nadie podía entrar ni salir de la ciudad. La comida se acabó, el agua era muy escasa y el hambre era muy fuerte. En la ciudad, se vendía una cabeza de un burro en ochenta monedas de plata y un cuarto de litro de estiércol de paloma en cinco monedas de plata. Por causa del hambre, el pueblo fue en contra del rey de Israel. Este se enojó tanto, que culpó al profeta Eliseo de lo que estaba pasando, diciendo: «Así me haga Dios, y aun me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda sobre él hoy» (2 Reyes 6: 31).

El rey envió a su hombre de confianza a decapitar a Eliseo. Pero el profeta le aseguró al mensajero: «Mañana a estas horas valdrá un siclo el seah de flor de harina, y un siclo dos seahs de cebada, a la puerta de Samaria» (2 Reyes 7: 1). Al siguiente día, su predicción se cumplió.

A la entrada de la puerta de la ciudad de Samaria había cuatro hombres enfermos de lepra, sin esperanza de sanar y a punto de morir. Se dijeron: «¿Por qué estamos aquí esperando la muerte? Si tratamos de entrar en la ciudad, moriremos en ella, por el hambre que hay en la ciudad; y si nos quedamos aquí, también moriremos». Así que decidieron probar suerte con el campamento enemigo. Al llegar, miraron para todos lados, pero no vieron a nadie. Dios había hecho que el ejército de Siria oyera estruendo de carros de guerra, ruido de caballos y estrépito de gran ejército, para confundirlos. Por esta razón, huyeron sin recoger nada, dejaron todo en el campamento, y sus tiendas levantadas llenas de alimento.

Los cuatro leprosos llevaron la noticia de que los enemigos habían huido y la ciudad ya no se encontraba en peligro. Además, informaron que en el campamento enemigo había comida y riquezas para los habitantes de la ciudad. En lugar de pensar nada más en sí mismos, esos leprosos transmitieron las buenas nuevas. Hoy, podemos llevar las buenas noticias a quienes perecen por hambre de la Palabra de Dios. En Cristo hay abundancia y vida eterna. Proclamemos a las personas que nos rodean: «Hoy es día de buenas noticias».


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