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Una mujer dirigida por Dios

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«Levántate, porque éste es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos: ¿Acaso no ha salido Jehová delante de ti?» Jueces 4: 14).

EN EL PERIODO CAÓTICO de los jueces, Israel había disfrutado de una relativa paz por espacio de 80 años, liderada por buenos gobernantes. Pero con el paso del tiempo Israel se apartó de Dios y cayó en el pecado de la idolatría. Como abandonaron a Dios, Dios los abandonó a ellos, y llegaron a ser presa fácil de sus opresores. Jabín, rey de los cananeos, y su general Sísara, oprimieron con crueldad a los hijos de Israel por 20 años. Hasta que una mujer de Dios, Débora, se levantó como vocera del Señor.

El pueblo clamó a Dios para que lo librara de la mano del rey Jabín. Dios respondió mediante Débora, una mujer que tenía comunión íntima con Dios. Dado que era profetisa, estaba dedicada totalmente al servicio de Israel como juez. Dios le había dado extraordinaria prudencia y sabiduría, y su humildad hacía que atendiera al pueblo bajo la sombra de una palmera, en lugar de hacerlo a la puerta de la ciudad, como los otros jueces de entonces. Los hijos de Israel acudían a ella en busca de justicia.

Débora llamó a Barac y le pidió que fuera al monte Tabor con 10 000 hombres, dado que Dios les daría la victoria sobre el ejército enemigo. El ejército de Sísara era más numeroso y poderoso. Tenían 900 carros herrados. En cambio, el ejército Israelita se acababa de formar a petición de Débora y Barac. No tenían carros herrados pero Dios los guió en todo el proceso: les dijo el número de soldados que necesitaban, de qué tribus debían salir y dónde debían reunirse. Ellos siguieron las indicaciones. Barac pidió que la profetiza fuera con él, y ella lo acompañó en la batalla.

La lucha fue ganada no por los 10 000 soldados de Israel, ni sus estrategias, sino porque Dios creó confusión en el ejército de Sísara. Dice Flavio Josefo que, cuando Barac vio desplegado el ejército de Sísara, su corazón desfalleció, pero Débora lo animó a atacar. Estalló una tormenta de granizo que pegó en la cara del enemigo, y el cielo ganó la victoria.

Así como Débora se puso a disposición de Dios y él la condujo en toda su obra, así nosotros hoy podemos hacer lo mismo y obtener la victoria en este día.


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