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Padres que buscan la voluntad de Dios

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«Manoa le preguntó: “Cuando tus palabras se cumplan, ¿Cuál debe ser la manera de vivir del niño y qué debemos hacer con él?”» (Jueces 13: 12).

ISRAEL SE ENCONTRABA EN PROBLEMAS, dominado y oprimido por los filisteos durante 40 años a causa de sus pecados. A pesar de la maldad del pueblo, había familias como la de Manoa, que tenían temor de Dios y eran fieles al creador del cielo y de la tierra. En medio del formalismo y el materialismo que imperaba en Israel, Manoa y su esposa eran personas consagradas a Dios y dedicadas a lo espiritual. A pesar de que el pueblo se había olvidado de Dios, él escogió a una familia para que de allí saliera el libertador de Israel. El Señor le habló a la esposa de Manoa por medio de un ángel, dándole la promesa de tener un hijo varón, aun cuando ella era estéril. Dios se acordó de su pueblo y les prometió un libertador.

Manoa, preocupado por hacerlo mejor como padre a favor del hijo que pronto tendrían, le preguntó al ángel cómo debían instruir y educar al niño. Estas palabras revelan la preocupación de un padre por seguir la voluntad de Dios y criar a su hijo de acuerdo con la voluntad divina. El ángel les indicó que debían criar a Sansón como un nazareo. El voto de nazareo, según el libro de Números, significaba que el niño sería consagrado a Dios, apartado para vivir en santidad. Si Sansón hubiera seguido la voluntad divina, habría cumplido la misión a la que Dios lo llamó; sin embargo, los padres sí fueron fieles en hacer lo que Dios les había indicado.

En este tiempo del fin en que vivimos, es necesario que como padres sigamos las instrucciones que Dios ha indicado en su Palabra para criar a nuestros hijos. Debemos preguntarle a Dios constantemente cuál debe ser la manera de vivir del niño y qué debemos hacer con él. Es necesario enseñarles a amar a Dios sobre todas las cosas, reverenciarlo y adorarlo como el único que merece honra y gloria. Si los padres cumplen en guiar a los hijos al Señor, él hará el resto en la educación de ellos.

Muchos han considerado livianamente el efecto de las influencias prenatales, pero las instrucciones enviadas por el cielo a aquellos padres hebreos, y dos veces repetidas en la forma más explícita y solemne, nos indican cómo mira nuestro Creador el asunto (E. G. White, Patriarcas y profetas, pág. 545).

Hoy, pidamos a Dios que nos indique qué es lo mejor para nuestros hijos.


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