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La necesidad que tenemos del Espíritu Santo

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«Yo estoy lleno del poder del espíritu de Jehová, de juicio y de fuerza, para denunciar a Jacob su rebelión y a Israel su pecado» (Miqueas 3: 8).

EL SER HUMANO es tan débil, que no hay poder alguno en él a menos que Dios lo llene de su Santo Espíritu para cumplir una misión, como cuando envió al profeta Miqueas a denunciar la rebelión de Israel, según dice el texto de hoy. El anhelo de Cristo Jesús es que todo aquel que lo recibe y lo acepta como su único Salvador sea lleno del fuego del Espíritu. Es una gran necesidad, porque provee poder, fuerza, conocimiento, sabiduría, virtudes y dones a sus hijos para estar preparados para el reino de los cielos y proclamar su evangelio.

Juan el Bautista bautizó con agua para arrepentimiento, mas Cristo bautiza con fuego del Espíritu Santo. El fuego completa la obra que el agua comenzó. Juan bautizó para conseguir perdón, mas Cristo bautiza para obtener poder, a fin de testificar y completar la obra del Espíritu Santo. Si hay fuego en sus hijos, los corazones fríos serán encendidos y los huesos secos se llenarán de carne, tendones y fuerza.

La dispensación en la cual vivimos debe ser, para los que lo soliciten, la dispensación del Espíritu Santo. Pidamos su bendición. Es tiempo de que seamos más ardientes en nuestra devoción [...]. Para todo esto el derramamiento del Espíritu es esencial. Debemos orar por él» (E. G. White, Testimonios para los ministros, pág. 511).

La iglesia de Dios urgentemente requiere de este poder.

No podemos depender ni de la forma ni de la maquinaria externa. Lo que necesitamos es la influencia vivificante del Santo Espíritu de Dios. [...] Es el tiempo de la lluvia tardía, cuando el Señor concederá su Espíritu en abundancia. Sed fervientes en la oración, y velad en el Espíritu (ídem, pág. 512).

La presencia del Espíritu entre nosotros es sumamente necesaria, porque produce la conversión de una persona y su transformación total. Por la presencia del Espíritu Santo en nuestro corazón es que habrá fuego en nuestros huesos, esperanza para ser salvo y gozo por el evangelio.

Busquemos a Dios en este día, pidiendo su Santo Espíritu y su poder incalculable; él estará con nosotros.


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