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Una vida que glorifica a Dios

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«A ellos, Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles, que es Cristo en vosotros, esperanza de gloria» (Colosenses 1: 27).

EL GRAN LEMA «Cristo en vosotros, esperanza de gloria» destaca que la vida del cristiano es un monumento a Dios, un rótulo que anuncia que Cristo es el Salvador del mundo. ¿Por qué el pueblo glorificaba a Dios al ver trasformada la vida de Pablo? Porque reflejaba una conversión genuina. Una vida que habla de un Dios de poder y transformación, capaz de cambiar su carácter violento (Gálatas 1: 23, 24). El Comentario bíblico adventista dice: «Hallaban en Pablo, en su conversión y en su ministerio, un motivo para alabar a Dios» (t. 6, pág. 940).

La vida de Pablo nos muestra cuál es el plan maravilloso que Dios tiene para nuestras vidas ¡Qué privilegio tan asombroso que Dios se haya fijado en nosotros, sus hijos, para reflejarlo a él!

Cuando nuestra vida no está de acorde al plan de Dios, lejos de glorificarlo, podemos llegar a ser piedra de tropiezo para otros. Por eso, debemos humillar nuestro corazón, pedir perdón por nuestros pecados, y dejar que el Espíritu Santo haga su obra de santificación. Recién entonces los frutos del Espíritu en nuestra vida podrán glorificar a Dios, tal como Pablo mismo lo experimentó. «Cuando Cristo, la esperanza de gloria, esté formado en el interior, entonces la verdad de Dios actuará de tal manera sobre el temperamento natural que su poder transformador se manifestará en un carácter transformado» (E. G. White, Consejos para los maestros, pág. 186).

El apóstol Pablo fue un ejemplo vivo de lo que es ser transformado. Pero al mismo tiempo, él reconoció: «Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero» (1 Timoteo 1: 15). Si abrimos nuestro corazón a Cristo y le pedimos que viva en nosotros, él hará un cambio radical. Los que nos observen alabarán a Dios por lo que ha hecho en nosotros y glorificarán su santo nombre. Oremos para que nuestra vida glorifique a Dios.


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