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Un fracaso, una oportunidad

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«Descendí a los cimientos de los montes. La tierra echó sus cerrojos sobre mí para siempre; mas tú sacaste mi vida de la sepultura, Jehová, Dios mío» (Jonás 2: 6).

EL FRACASO lo propicias tú o el ambiente que te rodea, pero es Dios quien brinda las oportunidades. Si has fracasado, levántate, clama la ayuda de Dios, y él escuchará tus ruegos, extenderá su mano y te levantará para una nueva vida en Cristo Jesús.

Un hombre, después de muchos fracasos, llegó a la cumbre del éxito. Me refiero a Estanislao Klonowski, un joven ruso que vivió a comienzos del siglo XX. Era un oficial en el Departamento de Comunicaciones del gobierno de Polonia. Le había llevado siete años llegar a ese puesto, y el siguiente peldaño que necesitaba conquistar, era teniente coronel de primera categoría. Sin embargo, su nuevo jefe lo bajó a la categoría de soldado raso. Se sintió tan mal por su fracaso, que renunció y se fue a los Estados Unidos, a radicar en Cleveland. Durante tres años estuvo lavando platos pero allí encontró una empresa de bienes raíces que estaba a punto de cerrar. Fue contratado para que la administrara. Después de tres años de esfuerzo y dedicación, la convirtió en la empresa más próspera de Cleveland.

Un día, el secretario de la firma de esa empresa le dijo que ya no lo necesitaban y que estaba despedido. Este fue su segundo fracaso doloroso e injusto. Sin embargo, no se dio por vencido. Cuando salió de la oficina donde había servido con mucho éxito, a pocos metros de distancia encontró un almacén vacío. Tres horas más tarde, lo había alquilado y, media hora más tarde, puso un anuncio que decía: «Bienes raíces Klonowski». Estaba decidido a triunfar. Empezaron a llegar los clientes y se hizo fuerte en el negocio. Poco a poco, los bancos comenzaron a confiar en él, y llegó a ser intermediario de préstamos. En poco tiempo, había fundado el Banco Klonowski, uno de los bancos más grandes del mundo, que se llama actualmente Banco de Cleveland.

Logró todo eso al hacer el último esfuerzo después de sus fracasos. John Rockefeller dijo alguna vez: «Creo en el valor supremo del individuo y en su derecho a la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. Creo en que cada derecho implica una responsabilidad; en cada oportunidad, una obligación; en cada posición, un deber».

Hoy puedes obtener de Dios las energías necesarias para seguir avanzando, seguir intentando sin bajar los brazos. En él hay poder ilimitado.


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