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Puestos los ojos en la meta

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«Nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo» (Filipenses 3: 20).

EN SU PRIMERA VISIÓN, Dios le mostró a E. G. White el andar del pueblo en el sendero recto y angosto hacia la ciudad celestial, mientras que una luz brillante alumbraba el sendero y los pies de los caminantes. Algunos se mantenían fieles mirando fijamente a Jesús, el capitán, mientras que otros caían fuera del camino. Los que apartaban su vista de Cristo perdían el rumbo y caían. Por lo tanto, si somos fieles a Dios y perseveramos, siguiendo a nuestro capitán, Jesús, llegaremos a la meta.

Por eso, hay que mantener viva la visión del cielo en nuestra mente y corazón. Cuando meditamos en la patria celestial, elevamos nuestros pensamientos a Cristo y se renueva la esperanza.

E. G. White nos insta a meditar en la tierra venidera: «Vi que es privilegio de todo cristiano gozar de las profundas emociones del Espíritu de Dios. Una paz dulce y celestial invadirá la mente y os deleitaréis en meditar en Dios y en el cielo» (E. G. White, Testimonios para la iglesia, t. 1, pág. l49). Además, agrega: «La conversación del cristiano debería referirse al Cielo, de donde esperamos a nuestro Salvador. La meditación acerca de las cosas celestiales es provechosa, y siempre estará acompañada de la paz y el consuelo del Espíritu Santo» (ídem, t. 2, pág. 284).

 Cuán gloriosa será la mañana, cuando por fin nos encontremos en la misma gloria de Dios, iluminados por su presencia, animados por su mirada de amor eterno, guiados por su brazo poderoso. Allí no existirá más el dolor, el sufrimiento ni la muerte. Ya no habrá más amargura, odio, celos; solamente estará Jesús viviendo en nuestros corazones. ¿Estarás allí? ¿Será el cielo para ti? ¿Tu nombre estará en la lista de los redimidos? Piensa que, de todo lo que Jesús fue a preparar para los redimidos en el cielo, una pequeña parte será para ti. Es momento de avanzar por fe y llegar a ese gran destino. ¿Por qué no empezar a hora?


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