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Mantengamos viva la visión del cielo

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«¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: "Tu Dios reina"!» (Isaías 52: 7).

CUANDO SE MANTIENE VIVA LA PASIÓN por predicar el evangelio, encontramos un sentido a nuestras vidas. Mantener el deseo de compartir el evangelio, es ver en cada persona un candidato para el reino de los cielos. Significa descubrir una necesidad y satisfacerla. Es vestir al desnudo, dar de comer al hambriento, consolar al doliente, animar al desanimado y levantar al caído. Cuando está en la mente esta vivencia, se apodera de nosotros una fuerza divina, que nos lanza a proclamar su Palabra.

Compartir las buenas noticias revive al moribundo, lo mantiene de pie, hace que levante la mirada al autor de la vida y lo convierte en un cristiano fiel para el reino. Cuando no existe ese anhelo de compartir, la fe muere, el alma se paraliza y se agota la esperanza que mantiene la vida cristiana.

Más que nunca, hoy es necesario mantener viva esa visión que desvanece la oscuridad, abre el camino para avanzar hacia Dios y hace posible compartir a Cristo como nuestro Salvador personal. Las buenas nuevas nos impulsan a usar todos nuestros talentos para llevar el evangelio a cada rincón de la tierra. Esforcémonos por mantener viva la llama del evangelio, que alumbre a otros para encontrar el camino de la fe. Si la lámpara se mantiene encendida como símbolo de la gloria de Dios, habrá vida en el creyente, colaboración en la expansión del evangelio, unidad en el cuerpo de Cristo y seguridad de vida eterna. Si todos alumbran, seremos como un faro permanente de luz, capaz de atraer al perdido a los pies de la cruz.

Oremos, pidiendo que Dios nos de fuerzas para mantener viva la visión del evangelio, y que el aceite que proviene de lo alto mantenga esa chispa de fuerza espiritual dentro de nosotros para alumbrar a otros. Hoy, trabajemos para que se cumpla en el mundo el plan de Dios: salvar a la humanidad.


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