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La generación que espera la Segunda Venida

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«Murió también toda aquella generación, por lo que la generación que se levantó después no conocía a Jehová ni la obra que él había hecho por Israel» (Jueces 2: 10).

EL PUEBLO DE ISRAEL, que había salido de Egipto, murmuró en el desierto, se reveló contra Dios y exhibió completa desobediencia. Esa generación no entró a Canaán, excepto Josué y Caleb. La segunda generación que nació en el desierto tuvo el privilegio de heredar Canaán pero de igual manera se desviaron de Dios, adoraron a dioses falsos y aceptaron costumbres paganas de las naciones vecinas. Jueces 2: 10 menciona que la tercera generación que creció en la tierra prometida no conocía a Dios. Es una pena que esa generación que vivió en Canaán se haya olvidado de él tan pronto. Aunque fueron testigos de guerras ganadas por la intervención del brazo poderoso de Dios, llenaron su corazón de paganismo, de pecados horrendos y desobediencia. Esa fue la generación de la vergüenza, el desconocimiento y el rechazo a Dios.

La moda actual es ponerle nombre a las generaciones: Baby Boomers, generación Jones, generación X, generación Y, y la actual generación Z, que son los nacidos a partir de 1991 hasta el 2023. La generación Z o posterior al Milenio se caracteriza por prestar poca atención a lo que otros dicen; es la generación de los medios virtuales, de las redes sociales y los problemas con la comunicación. Esta generación digital representa la tercera parte de los habitantes del mundo.

Me pregunto, ¿cuál será la generación que estará en pie cuando Jesús venga por segunda vez? Más allá de un nombre que se pueda colocar a una generación, oremos porque nosotros formemos parte de una generación que no se olvide de Dios, que haga la voluntad de Dios. «La necesidad que tienen los hombres de esta generación de invocar en su ayuda el poder de la voluntad fortalecida por la gracia de Dios, a fin de no caer ante las tentaciones de Satanás» (E. G. White, Consejos para la iglesia, pág. 190).

Hoy, necesitamos el poder de Dios para ser transformados a la imagen de Cristo y llegar a ser así la generación que podrá estar de pie ante los eventos finales, listos para ser trasladados al cielo en la Segunda Venida.


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