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El peligro de una fe mal fundada

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«Cuando Jehová les levantaba jueces, Jehová estaba con el juez, y los libraba de manos de los enemigos mientras vivía aquel juez; porque Jehová era movido a misericordia al oírlos gemir por causa de quienes los oprimían y afligían» (Jueces 2: 18, 19).

COMO CREYENTES, corremos un grave peligro al depender siempre de un líder para mantener nuestra fe en Cristo Jesús. El libro de los Jueces menciona que el pueblo de Israel, mientras tenía un juez que los guiara y les dijera lo que tenían que hacer, mantenía su fe. Sin embargo, al morir, ellos se iban tras los dioses ajenos.

Esa fe vacilante no solamente hizo que se corrompieran espiritualmente sino que también perdieran las bendiciones materiales que Dios había derramado abundantemente sobre ellos en el pasado. Dios, debido a la rebeldía de su pueblo, había dejado algunas naciones paganas sin conquistar como instrumento para probar la fe de ellos. Al desobedecer a Dios, se mezclaron con estas naciones y cayeron fácilmente en el grave error de dar a sus hijas e hijos a esos pueblos, que adoraban a sus dioses falsos.

 De esa manera, el pueblo no percibió el peligro y la gravedad del pecado. Esto pasa cuando nos alejamos de Dios y perdemos la capacidad de discernir espiritualmente. Cuando Dios está en el corazón, abre nuestros ojos para ver el peligro y nos indica el camino por el que debemos andar. Dios en nosotros es la esperanza de gloria. Él es la muralla que Satanás no puede derribar y su presencia cubre nuestra vida. Dios estaba con los jueces de Israel, mas no con el pueblo, porque mientras que los gobernantes buscaban comunicación con el cielo, el pueblo descuidaba su crecimiento espiritual.

Por lo tanto, el consejo para su iglesia hoy es el mismo: «No améis al mundo ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él» (1 Juan 2: 15). «Nadie puede seguir a Cristo, y poner sus afectos en las cosas de este mundo» (E. G. White, Joyas de los testimonios, t. 3, pág. 524).

Si nos mantenemos fieles a Dios, rechazando toda idolatría, adorando únicamente al Dios del cielo y de la tierra, y mantenemos el altar de la devoción personal ante él, hay esperanza de salvación.


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