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No con ejército ni con fuerza

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«Esta es palabra de Jehová para Zorobabel, y dice: "No con ejército, ni con fuerza, sino con mi espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos"» (Zacarías 4:6).

LA VIDA DEL SER HUMANO es muy frágil. Lo más sorprendente es que quiere hacer todo por medio de sus propias fuerzas y recursos. Pero Dios no obra así, él actúa donde no hay nada. Todo lo que el hombre pueda llegar a hacer sin la intervención divina, tarde o temprano, perecerá; todo lo que el hombre realiza al final es efímero, porque en algún momento dejará de existir, y su nombre quedará en el olvido.

Cuando el joven David se presentó ante el poderoso Goliat sin casco de bronce en su cabeza, sin coraza de malla en su pecho, sin canilleras de bronce en sus piernas, sin jabalina en su espalda, sin lanza alguna en su mano, sin experiencia ni estrategias de guerra, él estaba convencido de que la victoria no sería operada por el hombre, sino por Dios. Sabía muy bien que no necesitaba de armas humanas y que, al esconderse en Dios, ganaría la batalla.

Su hermano mayor, Eliab, lo vio hablando con otros y preguntando detalles de la guerra; por eso lo reprendió: «¿Para qué has descendido acá? ¿A quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? Yo conozco tu soberbia y la malicia de tu corazón; has venido para ver la batalla» (1 Samuel 17: 28). No únicamente las palabras de su hermano lo golpearon, sino también las del rey Saúl: «Tú no podrás ir contra aquel filisteo, y pelear con él, porque eres un muchacho, mientras que él es un hombre de guerra desde su juventud» (vers. 33). Ni Eliab ni Saúl percibieron lo que Dios podía hacer por medio de David, pero él sí confió. Lleno del Espíritu de Dios, enfrentó al gigante:

Tú vienes contra mí con espada, lanza y jabalina; pero yo Voy contra ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mis manos, yo te venceré y te cortaré la cabeza. Y hoy mismo entregaré tu cuerpo y los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra, y sabrá toda la tierra que hay Dios en Israel. Y toda esta congregación sabrá que Jehová no salva con espada ni con lanza, porque de Jehová es la batalla y él os entregará en nuestras manos (1 Samuel 17: 45-47).

El Señor no actúa con fuerza ni ejércitos humanos sino con su gran poder. Cuando te ocultas bajo la sombra del Omnipotente y te cobijas en sus brazos, triunfas. Te invito a que en este día seamos vencedores y triunfemos sobres las huestes del mal.


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