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Huellas del servicio

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«Si alguno quiere ser el primero, será el último de todos y el servidor de todos» (Marcos 9: 35).

MUCHAS VIDAS han dejado huellas en el sendero del servicio, sobre todo en la predicación del evangelio; entre ellas, la de Ovid Elbert Davis, presidente de la misión adventista de la entonces Guayana Británica. Me gustaría repasar hoy con más detalle una de las grandes experiencias de su vida (que te mencioné el 29 de mayo, dicho sea de paso).

En cierta ocasión, recibió en su oficina a dos indígenas de caras pintadas. Le dijeron que habían venido desde cerca del monte Roraima a buscar a un misionero que guardaba el sábado. Según ellos, habían recibido mediante una visión el evangelio de Jesucristo: la creación, el sábado, la caída del hombre, la salvación por medio de Jesús, su regreso en gloria y la monogamia. El cacique Auká, obediente a la visión, reformó su vida y la de su pueblo. Cesaron los sacrificios humanos, se abolió la poligamia y comenzaron a guardar el sábado. Luego de un tiempo, el viejo cacique murió y no pudo ver realizada la parte final del sueño: el hombre blanco con el libro negro que había visto en la visión.

En el año 1910, el pastor Ovid Davis decidió emprender el viaje. Se encontró con un minero buscador de oro, George Dinklage, y llegó hasta la zona del Cuyuní; pero no pudo continuar el viaje debido a una enfermedad. Al año siguiente, lo intentó de nuevo. Se despidió de su esposa y de sus dos pequeños y les dijo que si no regresaba, se mantuvieran fieles a Dios y a la iglesia.

Varias semanas tardó en llegar hasta donde estaba la tribu de los indios araucanos. Se encontró con ellos el 7 de junio de 1911. Para su sorpresa, encontró un grupo que guardaba el sábado y había erradicado la poligamia. Ellos le contaron de la visión que tuvo el cacique Auká; y el pastor les enseñó algunos himnos. Allí pudo organizar la primera iglesia adventista en Guyana.

Más tarde, se enfermó de paludismo, y no logró soportar la enfermedad. Antes de morir, reunió al pueblo para animarlo a seguir creciendo en la fe. Actualmente, hay varias iglesias en Guyana, gracias a una vida de servicio. ¿Qué huellas dejaremos al morir? ¿Huellas de paz y salvación? ¿Huellas de amor y servicio? Que Dios nos permita dar todo lo que tenemos al servicio de los demás.


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