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Cuando el servicio marca tu vida (1ra. Parte)

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«Si alguno me sirve, sígame, y donde yo esté, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirve, mi Padre lo honrará» (Juan 12: 26).

SERVIR A DIOS en la proclamación del evangelio es un gran privilegio para el cristiano, y una oportunidad de colaborar con el reino de Dios. Una vida de servicio abnegado deja huellas en el camino, que orientan a otros a la cruz del Calvario.

Bendita será la recompensa de la gracia para quienes han trabajado para Dios con sencillez de fe y amor. El valor del servicio a Dios se mide por el espíritu con el que se presta, antes que por la duración del tiempo pasado haciendo el trabajo (E. G. White, Testimonios para la iglesia, t. 9, pág. 61).

La vida de John Nevis Andrews, primer misionero adventista enviado al extranjero en 1874, estuvo marcada por el servicio. Aceptó el llamado de Dios en una reunión de la Asociación General, cuando leyeron las cartas enviadas desde Europa pidiendo los servicios de un pastor, porque querían saber del mensaje. E. G. White se paró en la reunión y dijo:

-El Señor me ha mostrado que tenemos que llevar este evangelio a todos los rincones del mundo, de parte del Señor viene este llamado. ¿A quién enviaremos? ¿Quién irá por nosotros?

En la parte de atrás de esa iglesia había un hombre sentado; de pronto, se puso de pie y dijo:

-Yo iré. Aquí estoy, envíenme a mí.

En menos de treinta días estaba listo para irse de misionero a Europa, con la familia que le quedaba, porque su esposa había muerto hacía casi dos años. Sus dos hijos menores también habían muerto; así que viajó con su hija de doce años, Mary, y su hijo de diecisiete, Charles. Llegaron a Basilea, Suiza y, después de seis semanas, acordaron que en su casa solamente hablarían francés, no inglés. Así comenzó la redacción de la primera revista adventista, Signs of the Times, en francés.

El pastor J. N. Andrews no recibía ningún sueldo; por lo tanto, con los pocos ahorros que llevó tenía que sostener a su familia y la publicación de la revista. Para no generar grandes gastos, vivían con muchas limitaciones. Consiguieron una pequeña imprenta que pusieron en el cuarto donde vivían. El pastor Andrews escribía, su hija traducía al francés y Charles imprimía.

Esa fue una vida marcada por el sacrificio y el servicio voluntario y desinteresado en favor de la causa de Dios. Oremos por un servicio de entrega y gozo en el pronto regreso de Jesús.


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