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Cuando Dios interviene

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«Te ruego, Jehová, que esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo y dale gracia» (Nehemías 1: 11).

RESULTA MARAVILLOSO ver claramente cómo Dios responde las raciones.

Nehemías se vio forzado a esperar una oportunidad favorable para presentar su petición al rey. Mientras tanto, aunque su corazón estaba apesadumbrado, se esforzó por mostrarse alegre en la presencia real. Dios y los ángeles eran testigos de las muchas oraciones, confesiones y lágrimas. En las cortes orientales, estaba prohibida toda manifestación de tristeza. Todos debían aparentar alegría y felicidad. La angustia no debía echar su sombra sobre el rostro de ningún acompañante de la realeza (E. G. White, Southern Watchman, 8 de marzo de 1904).

Con confianza, Nehemías se presentó ante el rey Artajerjes, y Dios subyugó el corazón del rey para preguntarle a Nehemías qué le pasaba, ya que no se veía enfermo, pero su rostro mostraba preocupación. Él le explicó lo que estaba sucediendo con el pueblo de Israel. De pronto, se llenó de miedo al pensar en la reacción del rey. ¿Sería condenado o beneficiado? El rey le preguntó:

-¿Hay algo que pueda hacer por ti?

En ese momento, Nehemías oró nuevamente y la esperanza llenó su corazón. Dios actuó en el rey, quien le concedió el permiso para ir a Jerusalén; y no nada más, le ofreció soldados para que lo acompañaran y cuidaran de sus enemigos, también le dio el permiso de cortar madera para las puertas de la ciudad, y le entregó cartas de protección. Dios obró tan maravillosamente que Nehemías entendió que el rey le había concedido su petición gracias a su ayuda.

Cuando oras, ayunas y pones todo tu pesar en las manos del Todopoderoso, él viene pronto para socorrerte, porque conoce de antemano lo que te preocupa, y su gran misericordia te alcanza. Nadie que vaya al Señor con corazón sincero quedará chasqueado.

Es tiempo de que todos los que creemos en Cristo nos acerquemos a Dios, con un corazón humillado, plena confianza en nuestro Señor y total entrega a él. Veremos un reavivamiento de la verdadera piedad y las bendiciones del cielo llegarán.


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