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El descuido y la negligencia producen caos

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«Vino Hanani uno de mis hermanos, con algunos hombres de Judá. Entonces les pregunté por los judíos que habían escapado, los que se habían salvado de la cautividad y por Jerusalén. Ellos me dijeron: "El resto, los que se salvaron de la cautividad allí en la provincia, están en una situación muy difícil y vergonzosa. El muro de Jerusalén está en ruinas y sus puertas destruidas por el fuego" (Nehemías 1: 2, 3).

HABÍAN LLEGADO A JERUSALÉN dos grupos de judíos que estuvieron cautivos en Babilonia: uno comandado por Zorobabel, el primero en llegar; y el otro que llegó años más tarde, comandado por Esdras. Posteriormente, llegó Nehemías con el tercer grupo. El primero, se dedicó a reconstruir el templo y sus servicios. Pero después descuidaron su protección y pasaron vergüenza ante los enemigos vecinos. Por eso, la situación de la ciudad y sus habitantes se tornó muy difícil. Los muros fueron destruidos; y las puertas de la ciudad, quemadas por los babilonios.

El descuido y la negligencia hacen que crezca la maleza en el corazón, y que el cerco espiritual esté en ruinas. Mientras no nos levantemos y acudamos a Dios en busca de auxilio, no se reconstruirá el muro de protección contra la tentación. Dios nos llama la atención para reconstruir la vida espiritual, pero muchas veces no escuchamos su voz y comienza por caerse el primer ladrillo. Con el tiempo, el descuido hace que el agujero aumente hasta que todo queda en ruinas, sin la protección de Dios. Definitivamente, ese es un grave peligro, porque nos aleja de nuestro Salvador y nos presenta sin defensa ante el enemigo.

Como ejemplo de descuido podemos mencionar el caso de la vida del profeta Elí, quien, siendo el principal en el sacerdocio, descuidó la correcta instrucción de sus hijos, al no aplicar la disciplina necesaria en el momento oportuno. La consecuencia de esta negligencia fue lamentable: los hijos deshonraron a Dios y profanaron el templo. El final de la historia es muy triste: ellos cayeron en batalla y, seguidamente, Elí también falleció al saber la noticia de la muerte de sus hijos y la conquista del arca.

Hazte hoy estas preguntas: ¿Tienes tantas ocupaciones que no encuentras tiempo para limpiar la maleza que hay en tu corazón por medio de la Palabra de Dios? ¿Reconstruyes tu muro espiritual? El corazón descuidado, con sus muros caídos, pronto puede conducirnos al caos. Por lo tanto, no te conformes con esta situación reconstrúyelos y persevera hasta el fin.


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