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La reforma comienza por uno mismo

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«Esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti, día y noche, por los hijos de Israel tus siervos. Confieso los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; si yo y la casa de mi padre hemos pecado» (Nehemías 1: 6).

TODO VERDADERO CAMBIO comienza por uno mismo. Pablo menciona: «Examinaos a vosotros mismos, para ver si estáis en la fe, probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos? ¿No sabéis que Jesucristo está en vosotros? ¡A menos que estéis reprobados!» (2 Corintios 13: 5). Cuando Nehemías reconoció que él y la casa de su padre habían pecado, él inició una reforma y reavivamiento en su propia vida, antes de exigirlos por parte de los demás. Se colocó de rodillas con oración, duelo y ayuno. Así, intercedió por el pueblo y por él.

Del mismo modo que Nehemías inició una auténtica reforma espiritual, nosotros debemos hacer lo mismo. Recuerda que si quieres que el mundo cambie, debes cambiar tú primero. No estamos solos, contamos con la ayuda del Espíritu Santo. Solamente su presencia en nuestra vida puede lograr la transformación de nuestro carácter para que sea similar al de Cristo.

La comprensión de la necesidad propia es la primera condición para entrar en el reino de la gracia de Dios [...]. En el reino de los ciclos no hay lugar para los orgullosos, los que están satisfechos de sí mismos, los que dependen de su justicia propia. Cristo invita a los pobres en espíritu a que cambien su pobreza por las riquezas de su gracia (E. G. White, El discurso maestro de Jesucristo, pág. 13).

Si no experimentamos primero la necesidad de un cambio, este no puede operarse. Primero, debe existir dolor por haber ofendido a Dios con nuestros pecados. Después, es necesario darle lugar a la gracia de Dios para que trabaje en el corazón a fin de llegar a ser una nueva criatura.

La Escritura dice que Nehemías oró día y noche; esto quiere decir que no cesó hasta que sintió que Dios estaba con él. Gracias a eso su testimonio fue: «Me lo concedió el rey, porque la benéfica mano de Dios estaba sobre mí» (Nehemías 2: 8).

Pídele a Dios que produzca el cambio que necesitas, a fin de que, por medio de ti, el Espíritu Santo obre en otros.


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