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Nehemías se impone al desánimo

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«Las fuerzas de los acarreadores se han debilitado y el escombro es mucho, no podremos reconstruir el muro» (Nehemías 4:10).

LOS MUROS de la ciudad de Jerusalén estaban construidos a la mitad. La resistencia era mucha, y la oposición aumentaba cada día. Los trabajadores escuchaban por todos lados, que en cualquier momento serían atacados y destruidos. Llegó el desánimo a la multitud que estaba construyendo la muralla. La tribu de Judá dudó que pudieran reconstruir el muro. ¿Qué les pasó? Resulta curioso, y hasta absurdo, que hayan detenido la obra cuando estaba por la mitad. Pero había una razón: tales eran la crítica, la oposición, el escarnio y los ataques, que prefirieron darse por vencidos. Perdieron la fuerza, la visión, la confianza y la seguridad.

El desánimo es semejante a una neblina del tamaño de siete cuadras o manzanas, de una profundidad de 30 metros, que consiste solamente en una taza de agua. Esta pequeña cantidad de agua está dividida en aproximadamente 60 mil millones de gotas microscópicas. A pesar de tratarse de una cantidad tan pequeña de agua, el efecto de la neblina puede ser devastador. Es capaz de causar accidentes de tránsito, cerrar aeropuertos y solapar la delincuencia.

Muchos creyentes viven en una neblina de desánimo, preocupación, inseguridad y confusión. Sin embargo, así como la luz del sol puede quemar la neblina y desvanecerla, la luz de la verdad puede hacer desaparecer la neblina que ciega nuestra vista y nuestra mente. La cura para el desaliento es concentrarnos en el propósito de Dios. Nehemías enfrentó el desánimo del pueblo y los motivó a terminar la obra que habían comenzado. Unificó las fuerzas de los trabajadores hacia una sola meta, los motivó a dirigir sus mentes hacia Dios y les inyectó la confianza necesaria en el poder del cielo.

Al buscar el avance de la causa de la verdad y preparar a un pueblo para estar de pie en el día de Dios, serán probados no solamente por la ira, el desprecio y la crueldad de sus enemigos, sino también por la indolencia, la inconsecuencia, la indiferencia y la traición de amigos y ayudantes. Pídele al Señor el ánimo necesario para cumplir con la obra que fue encomendada.


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