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Se necesitan verdaderos reformadores

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«¡Acuérdate de ellos, Dios mío, de los que contaminan el sacerdocio y el pacto del sacerdocio y de los levitas!» (Nehemías 13: 29).

ΑSÍ COMO EN EL TIEMPO de Nehemías el pueblo de Israel había cometido varias fallas en la obediencia a la Palabra de Dios, tanto en la adoración como en el templo, las ofrendas, la mixtura con el mundo y la santidad del sábado, también hoy es necesaria una reforma cabal y expedita en la iglesia.

Todo verdadero avivamiento tiene su origen con Dios mismo, y en la mayoría de los casos él mueve los corazones de varias personas para lograr su propósito. Pocas de estas llegan a un punto de prominencia en el desarrollo del movimiento, y muchas pasan al olvido, si acaso fueron reconocidas, pero su obra perdura y su hoja de servicio está guardada en lugares celestiales. Tal vez nunca ha habido un avivamiento cuyos comienzos podamos discernir tan acertadamente como aquel que ocurrió en los días de Zorobabel, Hageo, Zacarías, Esdras y Nehemías.

Para que vuelva a ocurrir se necesitan verdaderos reformadores, que se levanten en la iglesia y, con el poder del Espíritu Santo y un equilibrio espiritual, conduzcan a la congregación a un reavivamiento y una reforma, capaz de ser una luz en medio de las tinieblas espirituales de este mundo.

El espíritu de verdadera reforma se volverá a ver en nuestros días como en los tiempos antiguos. Los que son celosos en honrar a Dios, que no toleran el pecado, ya sea de los ministros como del pueblo, no deben esperar tranquilidad o placer en esta vida. Incansable alerta debe ser el lema de todos los que protegen los intereses de la iglesia de Cristo [...]. Se necesitan hombres de valor y energía para exponer los pecados de moda. La iniquidad no debe ser excusada ni suavizada. Los que conducen a la iglesia para seguir las costumbres y las prácticas del mundo no deben ser alabados ni exaltados (E. G. White, Southern Watchman, 5 de julio de 1904).

Con toda seguridad, Dios hará surgir a hombres y mujeres consagrados, para conducir a la iglesia a un verdadero avivamiento de la fe primitiva y que los creyentes que esperamos la Segunda Venida de Cristo estemos listos para el encuentro con nuestro Dios. Ahora bien, ¿estamos dispuestos a ser verdaderos reformadores en pro de la verdad?


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