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La corona de la vida

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«Al vencedor le concederé que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido y me he sentado con mi Padre en su trono» (Apocalipsis 3: 21).

ESTAMOS NAVEGANDO en medio de una fuerte tempestad, pero el llamado de Jesús es vencer, «así como yo he vencido». Esta es nuestra garantía, la victoria de Cristo, pues él ya venció toda prueba y tentación, incluso la muerte.

La iglesia de Laodicea está a punto de ser expulsada de la gracia pero aún hay oportunidad de levantarse; dejar la indiferencia, la frialdad y la tibieza; cambiar el rumbo de la vida; fortalecer el espíritu con la fuerza de Dios. La única manera de triunfar es escondernos bajo la sombra del Dios Todopoderoso, porque él es nuestro protector y nuestra fuerza (Juan 15: 5). Nos toca hacer nuestra parte y, en el nombre de Cristo, vencer la indiferencia a los asuntos espirituales, el pecado que nos asedia y la muerte espiritual, a fin de resucitar a nueva vida.

Las promesas plasmadas en Apocalipsis, son maravillosas y verdaderas. El que venciere comerá del árbol de la vida. El vencedor no sufrirá daño de la segunda muerte. El vencedor comerá del maná escondido. El vencedor que guarde las obras hasta el fin, recibirá autoridad sobre las naciones y la estrella de la mañana. El vencedor será vestido de vestiduras blancas. El vencedor tendrá una columna en el templo de mi Dios. El vencedor heredará todas las cosas, y será hijo de Dios.

¿Por qué somos vencedores? Porque somos una nueva creación en Cristo, quien ha vencido al mundo por nosotros. «Todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe» (1 Juan 5: 4, 5).

Si Dios nos toma de la mano, nos guía y nos defiende del poder del enemigo, venceremos y viviremos con él para siempre. Caminemos delante de su presencia en este día.


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