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De triunfo en triunfo

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«¡Bienaventurado tú, Israel! ¿Quién como tú, pueblo salvado por Jehová? Él es tu escudo protector, la espada de tu triunfo. Así que tus enemigos serán humillados, y tú pisotearás sus lugares altos» (Deuteronomio 33: 29).

EL TRIUNFO SOLAMENTE se obtiene por la gracia de nuestro buen Dios. En este mundo secular encontramos gente triunfadora en su profesión, y cada una se siente muy complacida de lo que ha logrado. Sin embargo, todos los triunfos obtenidos en este mundo pasan al olvido, porque al morir todo termina. Ya no hay memoria de lo realizado en vida. Por eso, el mayor triunfo de un creyente es estar en Cristo para triunfar contra el mal. Si logras colocarte al lado de Cristo, el que ha triunfado sobre el mal y aun sobre la muerte, también tú habrás triunfado a su lado. La Palabra de Dios afirma: «¡Bienaventurado tú, Israel! ¿Quién como tú, pueblo salvado por Jehová? Él es tu escudo protector, la espada de tu triunfo». Los triunfos no se miden por los resultados, sino por caminar y obedecer a Dios cada día. Pertenecemos a las alturas, pero si vivimos en las profundidades del fracaso no estamos cumpliendo el plan de Dios. Él quiere que nos mantengamos de triunfo en triunfo, ganando victoria tras victoria sobre el mal.

E. G. White dice:

No tiene término la lucha de este lado de la eternidad. Pero aunque hay que sostener batallas constantes, también hay preciosas victorias que ganar; y el triunfo sobre el yo y el pecado es de más valor de lo que la mente puede estimar (E. G. White, Consejos para los maestros, pág. 21).

Tú y yo somos vencedores, gracias a la muerte de Jesús en la cruz. Él venció al pecado y a la muerte. ¡Nos transformó en triunfadores! Caminar de su mano, nos asegura obtener la victoria. Las tentaciones del enemigo no pueden derrotarnos porque estamos llamados a sobreponernos y obtener la victoria. Es Jesucristo, nuestro amado Señor, quien nos lleva siempre de triunfo en triunfo.

Vayamos a Dios en oración, pidiendo que nos sostenga con su mano poderosa, porque sin él, fracasaremos; pero bajo su guía y su poder, triunfaremos.


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