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Bajo la nube hay seguridad

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«Jehová iba delante de ellos, de día en una columna de nube para guiarlos por el camino, y de noche en una columna de fuego para alumbrarlos, a fin de que anduvieran de día y de noche» (Éxodo 13: 21).

DESDE EL PRIMER DÍA que el pueblo de Israel salió de Egipto, Dios iba a su lado. ¿No es Dios demasiado bueno con sus hijos? ¿Por qué se preocupa tanto por nosotros? Dios no solamente proveyó sombra y luz, sino que cuando los enemigos egipcios los tenían entre la espada y la pared, se interpuso entre ellos para que no pudieran destruirlos. Con su poder, abrió el mar Rojo para que cruzaran e hizo a un lado el lodo, para no entorpecer sus pies.

Los israelitas llegaron al desierto de Sin, entre Elim y el monte Sinaí, en término de un mes. A esa altura se les había acabado la provisión de alimentos que habían llevado de Egipto, pero del cielo cayó el maná que los sustentó por 40 años. Cristo era la nube, la columna de fuego, el rocío que caía por la mañana, el maná que satisfizo la necesidad de ellos, la roca que destiló agua para saciar su sed y el ángel que los guiaba continuamente. ¿Qué más necesitaba el pueblo si Dios le había dado todo?

Como cristianos, debemos estar bajo la nube para no quedar desprotegidos ni perder el camino a la Canaán celestial. Que Dios nos guarde para ser salvos en Cristo Jesús.


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