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Negociar mientras esperamos su retorno

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«Un hombre noble se fue a un país lejano para recibir un reino y volver. Llamó antes a diez siervos suyos, les dio diez minas y les dijo: "Negociad entre tanto que regreso”» (Lucas 19: 12, 13).

LA PARÁBOLA DE LAS DIEZ MINAS fue referida en el contexto en el pueblo judío esperaba que Cristo Jesús estableciera su reino terrenal pronto, y restableciera el reino de David. Jesús tenía popularidad en el pueblo y lo seguía mucha gente. En ese momento, el pueblo judío esperaba salir de la opresión de Roma.

El protagonista de esa historia ficticia tendría que irse a un país lejano para recibir el reino y volver. Antes de irse llamó a diez de sus empleados, le dio una mina a cada uno y les dijo que negociaran mientras él regresaba. La expresión «negociad» denota acción, trabajo, entrega, crecimiento y progreso. El reino de Dios es de acción. Lo que Jesús quiso decir es: «Ocúpate mientras regreso. Trabaja duro. Invierte tu tiempo en actividades productivas, y haz de esto algo habitual. Recuerda que lo que negociamos son los recursos de Dios». Por lo tanto, necesitamos la habilidad para producir más. Producir para el reino, no para nosotros. Esa debe ser nuestra ocupación.

La mina es el tesoro de Dios, su Palabra, sus siervos somos nosotros, los creyentes, y él nos ha dejado una encomienda. Entonces, haz que el reino de Dios se expanda. Multiplica la perla de gran precio, ponte en acción. Trabaja para Dios mientras él viene. Porque Dios no tolera la negligencia, la ociosidad ni la pasividad.

De los diez siervos, tres dieron su informe. Uno de ellos, con una mina ganó diez, el otro ganó cinco y el tercero devolvió la mina que recibió. Todos recibieron lo mismo, pero no generaron los mismos resultados. El que multiplicó una mina en diez tantos más, al igual que el que ganó cinco más, representan al que se esfuerza al máximo de su capacidad. Pone todos sus talentos, recursos, esfuerzos e interés a fin de que el evangelio llegue a todos los rincones de la tierra. Sin embargo, el que guardó la mina, representa a un creyente inactivo, que solamente espera recibir pero no da; está frío espiritualmente y su esperanza en la Segunda Venida de Jesús desfallece.

Que todos los que hemos recibido a Cristo en nuestro corazón, estemos en acción mientras esperamos el regreso de nuestro amado Jesucristo.


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