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Un Dios de ganancias

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«Aconteció que, al regresar él después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno» (Lucas 19: 15).

LA CUENTA QUE DIOS pide es individual, por eso en la parábola leemos que Dios los llamó para saber lo que había negociado cada uno. Quiere decir que la tarea de negociar no es transferible, es una responsabilidad personal. Dios pedirá cuentas de lo que hayamos hecho con su tesoro, su Palabra. ¿La estudiamos? ¿La obedecimos? ¿La explicamos a los demás? No debemos devolver lo mismo que recibimos, sino multiplicarlo. Porque Dios no es un Dios de pérdidas sino de ganancias.

El que recibió una mina, la multiplicó porque Dios es capaz de multiplicar lo que tenemos, los recursos, los talentos, su Palabra. El reino de Dios es un reino de aumento y desarrollo. El éxito para aumentar las ganancias con lo que Dios otorga tiene una recompensa superlativa. Al que ganó más se le concedió más. Pero a aquel que recibió una mina y no negoció, lo poco que tenía le fue quitado.

Debemos velar, obrar y orar como si este fuera el último día que se nos concede. Solo el día presente es vuestro. Trabajad por el Maestro como si fuese vuestro último día en la tierra. Presentad todos vuestros planes a Dios, a fin de que él os ayude a ejecutarlos o abandonarlos según lo indique su providencia (E. G. White, Joyas de los testimonios, t. 2, pág. 60).

Los que hagan que el reino de Dios se multiplique, recibirán la parte de los que no lo hicieron. «Yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; pero al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará» (Lucas 19: 26). Dios no desea que seamos perezosos o negligentes. Por eso, nos da la oportunidad de hacer algo para él. «Nuestra única seguridad consiste en realizar nuestro trabajo cada día según se nos presenta, trabajando, velando, esperando, dependiendo cada momento de la fuerza de aquel que estuvo muerto y que vive otra vez, que vive para siempre» (White, carta 66, 1894).

Hagamos que el reino de Dios crezca y cumpla su misión. Oremos para que el reino de Dios se establezca para siempre.


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