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Una sola petición

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«Una cosa he demandado a Jehová, esta buscaré que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová y para buscarlo en su templo» (Salmos 27: 4).

EL DESEO DEL SALMISTA era morar a la sombra de Dios, estar bajo sus alas, su protección, y permanecer allí todos los días de su vida. En la antigüedad, los sacerdotes tenían su residencia en los atrios del Templo, y allí habría deseado David tener también su morada habitual. Para él, lo más importante era estar en la presencia de Dios. Todos los buenos hijos de Dios desean vivir en casa de su Padre, junto a su Dios. Alabar a Dios, para todo cristiano, será la ocupación primordial de nuestra vida eterna.

En la tierra nueva se ha edificado un magnífico castillo. Jamás se ha visto casa más sólida: el techo nunca gotea, las paredes no se agrietan y los cimientos jamás tiemblan. Nunca se ha visto castillo más espléndido. ¿Has vivido alguna vez en una casa como esa? Es probable que no. Lo más probable es que hayas pensado poco en hacerte una casa para vivir por la eternidad. Construimos casas muy bien elaboradas para nosotros, pero el interés por cultivar una relación con Dios queda relegado a una casucha en una ladera donde los vientos nocturnos nos congelan y las lluvias nos inundan. ¿Sorprende que el mundo esté tan lleno de corazones fríos?

No tiene que ser así. No tenemos que vivir al aire libre. Dios no planeó que tu corazón vagara como un beduino. Dios quiere que entres, desea que te alejes del frío y que vivas con él. Bajo su techo aún hay espacio disponible. En su mesa todavía hay un plato preparado para ti. En su sala hay un cómodo sillón reservado exclusivamente para ti. Él quiere que residas en su morada eterna. ¿Por qué querría que tengas una parte en su casa? Porque él es tu Padre.

Cualquier lugar que no sea el suyo es insuficiente. Cualquier lugar lejos de este es peligroso. Solamente el hogar edificado por Dios puede proteger tu corazón y tu Padre celestial quiere que habites allí.

El salmista solamente pidió una cosa: tener comunión Íntima con Dios. Pidamos lo mismo nosotros hoy, estar por siempre al lado de nuestro Padre celestial.


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