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Seguridad en la morada de Dios

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«Él me esconderá en su Tabernáculo en el día del mal; me ocultará en lo reservado de su morada; sobre una roca me pondrá en alto» (Salmos 27: 5).

SI HAY ALGO QUE NECESITAMOS pedir a Dios, es vivir permanentemente en su morada, escondidos en su Tabernáculo, cimentados en la Roca de los siglos, Jesucristo. Cuando tenemos un día difícil, por los problemas de la vida, Dios nos asegura un refugio en él. Bajo su gracia y su gran misericordia, las dificultades se amortiguan y el corazón herido encuentra paz en Cristo. Desecha cualquier pensamiento de que Dios esté alejado de ti, pues él está a tu lado.

Moisés lo sabía, por eso oró: «Señor, tú nos has sido refugio de generación en generación» (Salmos 90: 1). Qué impactante es este pensamiento: Dios como nuestro hogar. ¿Conoces tu casa? No necesitas que te digan dónde está tu dormitorio; no necesitas que te digan cómo llegar a la cocina. Después de un día difícil de tratar de abrirte paso en el mundo, es tranquilizante volver a casa, un lugar que conoces bien. Así como tu casa terrenal es un lugar de refugio, la casa de Dios es un lugar de paz, porque nunca la han saqueado, ni se han aportillado sus paredes. Dios es tu morada. Él quiere que estés bajo su techo ahora y siempre. Quiere ser tu dirección, tu punto de referencia: tu hogar. Su Hijo prometió: «El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él» (Juan 14: 23).

El salmista también dijo: «Jehová es mi fortaleza y mi escudo; en él confió mi corazón y fui ayudado, por lo que se gozó mi corazón. Con mi cántico lo alabaré» (Salmos 28: 7). La protección de Dios es segura en cualquier circunstancia. Sin importar qué situación esté oprimiéndote, él es tu fortaleza y escudo. Como creyentes, necesitamos tener esa confianza plena en nuestro Dios, creer que en los tiempos malos y dificultosos, él nos toma de la mano para cruzar el río, va a nuestro lado para librarnos del peligro y nos levanta cuando caemos.

Demos gracias a Dios por su protección, y pidamos que en medio de las dificultades nos esconda en su Tabernáculo.


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