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Compasión por sus obreros

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«Los apóstoles se reunieron con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y lo que habían enseñado. Él les dijo: "Venid vosotros aparte, a un lugar desierto, y descansad un poco”. (Eran muchos los que iban y venían de manera que ni aun tenían tiempo para comer)» (Marcos 6: 30, 31).

JESÚS envió a sus doce apóstoles, de dos en dos, a predicar el evangelio del reino. Ellos se esparcieron por todas partes en la región de Galilea para cumplir la misión. Por varias semanas estuvieron predicando hasta que llegó el momento de regresar para informarle al maestro lo que habían hecho y enseñado. Pedro, Jacobo y Juan eran los más efusivos en sus informes. Pedro quizá informó:

-Señor, bauticé a cincuenta personas en Magdala, levanté a veinte cojos, ayudé a cinco ciegos a que recobraran la vista y saqué a treinta demonios. Pero Señor, muchas veces nos quedamos sin comer y dormir, y padecimos muchas carencias.

Jesús, debió mirarlos con amor y compasión. Al verlos cansados, pudo ser entonces cuando les dijo que fueran con él a un lugar desierto para que descansaran un poco.

Llegaron a la orilla del lago, tomaron una barca que tenían lista, porque antes Jesús les había dicho que lo hicieran así, debido a que la multitud lo apretaba y hasta los enfermos le caían encima. Entonces tomaron la barca de Zebedeo, padre de Jacobo y Juan, para cruzar el lago de Galilea y partir de Capernaúm en una travesía de cinco kilómetros.

Fue así que Jesús los invitó a un retiro espiritual al desierto, cerca de la aldea de Betsaida, la ciudad de Pedro, Andrés y Felipe. Ellos se alegraron porque tendrían la oportunidad de saludar a su familia. En aquel lugar apartado, había mucha vegetación porque era primavera, y había llovido.

La compasión de Jesús por sus obreros es tan grande, que aparta tiempo para estar con ellos, y prefiere la soledad, a fin de tener una mejor comunicación y comprensión del mensaje. Cristo toma en cuenta la pesadumbre de unos y la fatiga de otros, y provee para ambas clases de personas el alivio adecuado: descanso para los fatigados y refugio para los desamparados.

No estamos solos, Jesús está a nuestro lado. Nos escucha con mucha atención, nos llena de fuerzas, de valor. Sana nuestras enfermedades y nos llena de su Santo Espíritu. Es Cristo Jesús nuestro fiel compañero, quien endereza nuestros pasos, afirma nuestra fe y nos guía a un puerto seguro: la patria celestial.

Pidamos hoy a Cristo un espíritu sosegado y una mente en paz con él.


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