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La merienda de un niño

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«Uno de sus discípulos. Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: "Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados: ¿pero qué es esto para tantos?”» (Juan 6: 8, 9).

UNO DE LOS APÓSTOLES, Andrés, pensó que el poder de Jesús podía ayudarles, aunque tenía dudas, y fue así como le dijo a Jesús del muchacho que llevaba los panes y los pescados.

Aquel muchacho estaba cerca de Andrés, y había llevado su merienda, pero emocionado con las enseñanzas de Jesús, olvidó comer. Andrés había observado el alimento. El pan de cebada era la comida de los pobres y de los pescadores del mar de Galilea, porque su costo era la tercera parte del pan de trigo, que era un lujo de los ricos. La palabra «pescados» hace referencia a pescados secos o preparados con un poco de salsa encima para remojar el pan. Andrés tenía la certeza de que, si Jesús tocaba los panes y los pescados, el problema de la alimentación de las más de 5000 personas tendría solución. Porque todo aquello que es tocado por las manos de Jesús, recobra fuerza y vida.

No te preocupes por lo poco que tienes para comer este día o por el poco dinero que te queda. Así como nuestro Señor Jesucristo tomó la merienda de un muchacho en sus manos y, al bendecirla, se multiplicó para dar de comer a una gran multitud, de igual manera hará contigo y con lo que tienes. Mira a Jesús, él es la vida, es el pan que descendió del cielo. Solamente coloca tu vida en sus manos, permite que te bendiga y llene tu corazón de su presencia. Porque cuando Jesús mora en el corazón, vienen la paz, la calma y la seguridad de su bendición.

El toque de Jesús es poder, es bendición, es multiplicación. Tocó los ojos del ciego, fuera de la aldea de Betsaida, y fueron abiertos (Marcos 8: 23). Extendió su mano y tocó al leproso: «“Señor, si quieres, puedes limpiarme”. Jesús entonces, extendiendo la mano, lo tocó, diciendo: “Quiero, sé limpio"» (Lucas 5: 12, 13). Tocó el féretro del hijo de la viuda de Naín, y resucitó (7: 14).

Todos los que son tocados por Jesús experimentan una vida transformada. Los pensamientos y sentimientos son renovados. Las tentaciones son bloqueadas y, aunque sean golpeados por los grandes problemas de la vida, resisten por su gran poder.

Alabemos a Dios en este día por su toque maravilloso, y pidamos que él more en nosotros para siempre.


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