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Elección efectiva

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«No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre, él os lo dé» (Juan 15: 16).

DIOS NOS ELIGIÓ desde antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él (Efesios 1: 4). Por elección propia, el ser humano cayó en el pecado y Dios nos buscó de nuevo para restaurar en nosotros su imagen. Sin embargo, la elección de Dios no es incondicional: «Todo el que quiera humillarse como un niñito, que quiera recibir y obedecer la palabra de Dios con la sencillez de un niño, estará entre los elegidos de Dios» (E. G. White, The Signs of the Times, 1 de febrero de 1893). Podemos demostrar que somos los elegidos de Cristo siendo fieles. Podemos responder a su elección y llamado con genuina obediencia a su Palabra y guardando sus Mandamientos.

Cuando nos convertimos en elegidos de Dios, la fe en Cristo como nuestro sustituto y fiador se hace presente en nuestra vida.

Por la gracia de Cristo, mediante constante diligencia viviremos de acuerdo con el plan de la suma, haciendo segura nuestra vocación y elección [...]. «Porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo» (2 Pedro 1: 10, 11) (White, Mensajes selectos, t. 1, pág. 444).

Es claro que la elección que Dios hace es para quienes lo han elegido a él, aquellos que se han entregado de todo corazón y esperan que el Redentor del mundo extienda su mano, los tome como sus hijos y los elija para ser salvos.

El Padre dedica su amor a sus elegidos que viven en medio de los hombres. Ellos son el pueblo que Cristo ha redimido con el precio de su propia sangre, y como responden a la atracción de Cristo mediante la soberana misericordia de Dios, son elegidos para ser salvados como sus hijos obedientes. Sobre ellos se manifiesta la generosa gracia de Dios, el amor con que los ha amado (White, The Signs of the Times, 1 de febrero de 1893).

El texto bíblico de hoy afirma que él nos eligió para llevar fruto, para dar testimonio de su amor y la salvación que nos ofrece. Él nos promete que todo lo que pidamos al Padre, con el fin de salvar a otros, nos será concedido. Agradece hoy a Dios por haberte elegido y pídele la fortaleza para actuar conforme a su precioso llamado.


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