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Sobre todas las cosas

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«Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas» (Mateo 6: 33).

ESCOGER AQUELLO QUE REFLEJE que Dios es nuestra prioridad sobre todas las cosas. Implica detenerse y reconocerlo en cada decisión, palabra, pensamiento o respuesta; es hacer una pausa y buscar la dirección del Espíritu de Dios. Él prometió enseñarnos el camino por donde debemos andar, sobre nosotros tiene fijados sus ojos (Salmos 32: 8). La respuesta está en su Palabra:

Tus oídos oirán detrás de ti la palabra que diga: este es el camino, andad por él y no echéis a la mano derecha, ni tampoco os desviéis a la mano izquierda (Isaías 30: 21).

Felícitas fue una viuda romana, noble y rica, que vivió en tiempos de Marco Aurelio. Tenía siete hijos a quienes instruyó en la fe cristiana y les enseñó que Dios está en primer lugar. Ella y sus hijos fueron citados ante el prefecto de la ciudad, quien procuró en vano con súplicas y amenazas, inducirlos a adorar falsos dioses y a negar a Cristo. Apeló a los sentimientos maternales de Felícitas, pero ella replicó que sus hijos habían escogido entre la vida eterna y la muerte eterna. Uno a uno, fueron enjuiciados para que claudicaran de su fe. Uno de ellos fue azotado y murió. Dos fueron golpeados con mazas hasta la muerte, el otro fue arrojado de una peña, y los últimos tres fueron decapitados. Aun así, ella no claudicó y también fue decapitada. Estas fueron sus últimas palabras: «Cristo es mi Salvador y primero está él».

Si el orgullo, el egoísmo o cualquier otra cosa ocupa nuestro corazón, estamos desplazando a Dios de nuestra vida. El versículo de hoy nos dice que Dios debe estar por sobre todas las cosas. Antes que la familia, las actividades y las circunstancias.

Cristo invita a los miembros de su iglesia a apreciar la esperanza verdadera y genuina del evangelio. Señala hacia lo alto y les asegura definidamente que las riquezas perdurables están arriba y no abajo. Su esperanza está en el cielo y no en el mundo (E. G. White, Consejos sobre mayordomía cristiana, pág. 230).

No permitas que los intereses mundanos absorban tu tiempo y atención. Que las preocupaciones cotidianas dejen de ocupar el primer lugar. Dios nos promete que si apartamos la vista de este mundo para dirigirla hacia lo que es eterno, todas las cosas serán añadidas.


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