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Fiel hasta la muerte

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«No temas lo que has de padecer. El diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel para que seáis probados, y tendréis tribulación por diez días. ¡Sé fiel hasta la muerte y yo te daré la corona de la vida!» (Apocalipsis 2: 10).

EL PUEBLO DE DIOS en tiempos de la iglesia de Esmirna, que significa mirra o amargura, se encontraba en gran tribulación; pagaba un elevado precio de sufrimiento en un periodo de prueba muy difícil. Como cristiano, el pueblo se negaba a rendirle culto a Roma, porque tenían un Señor mayor que el césar: Cristo Jesús.

También se encontraban en pobreza extrema. Sin embargo, eran ricos en fe y vida espiritual. Dios conocía su sufrimiento y las afrentas que sufrían por parte del Imperio Romano, así como el odio de los judíos. Fue en ese momento que el pueblo recibió el mensaje del ángel para que no tuviera miedo.

El pastor más conocido de la iglesia de Esmirna fue Policarpo, uno de los mártires de la iglesia, quien fue quemado vivo en una hoguera, después de mantenerse fiel al Señor durante 86 años. Policarpo fue discípulo de Juan, y continuó predicando el evangelio después de la muerte del apóstol. Como el cristianismo avanzaba a pasos agigantados, Roma, en uno de sus intentos por detener el crecimiento de la iglesia, llevó a Policarpo al martirio.

Después de ser atado a un palo sobre una hoguera, antes de encender el fuego, el gobernador instó a Policarpo a que negase su fe en Cristo por medio de un juramento en el nombre del emperador. Ese acto sería una especie de manifestación de piedad hacia sí mismo a causa de su avanzada edad. Policarpo le contestó: «He servido a mi Señor Jesucristo durante ochenta y seis años y nunca me ha causado daño alguno. ¿Cómo puedo negar a mi Rey, que hasta el momento me ha guardado de todo mal, y además me ha sido fiel en redimirme?». Cuando encendieron la hoguera notaron que el fuego no lo quemaba, por eso, lo traspasaron con una lanza y su sangre apagó el fuego en señal de semilla para el evangelio.

Dios nos anima a mantenernos fieles hasta la muerte, para recibir la corona de la vida. Por lo tanto, no cambies lo que has creído por nada ni nadie. Mantén tus ojos puestos en el Autor y Consumador de tu fe. Pronto vendrá a dar la liberación final.


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