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El conflicto terminó

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«Miré, y vi una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en sus manos» (Apocalipsis 7: 9).

HA TERMINADO LA LUCHA de los hijos de Dios, quienes han ganado la victoria con Cristo. Ellos portan vestiduras blancas como emblema de la justicia perfecta. Las palmas en sus manos simbolizan que han triunfado y entonan el canto de alabanza, diciendo: «¡La salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero!» (Apocalipsis 7: 10).

Ángeles y serafines unen sus voces en adoración. Al ver los redimidos el poder y la malignidad de Satanás, han comprendido, como nunca antes, que ningún poder fuera del de Cristo habría podido hacerlos vencedores. Entre toda esa muchedumbre ni uno se atribuye a sí mismo la salvación, como si hubiese prevalecido con su propio poder y su bondad. Nada se dice de lo que han hecho o sufrido, sino que el tema de cada canto, la nota dominante de cada antífona es: salvación a nuestro Dios y al Cordero (E. G. White, El conflicto de los siglos, pág. 723).

El conflicto terminó. Toda lucha y toda tribulación quedaron en el pasado:

Ya no tendrán hambre ni sed, y el sol no caerá más sobre ellos, ni calor alguno, porque el Cordero que está en medio del trono los pastoreará y los guiará a fuentes de aguas vivas. Y Dios enjugará toda lágrima de los ojos de ellos (Apocalipsis 7: 16, 17).

Los redimidos le darán la bienvenida a quienes condujeron al Salvador, pero no se detendrán allí, sino que todos se unirán para alabar al que murió por nosotros con himnos de victoria que llenan el cielo. Por fin en casa, aquella que Cristo fue a preparar: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay [...] voy, pues, a preparar lugar para vosotros» (Juan 14: 2).

Será glorioso el encuentro con la gran multitud de redimidos de todos los tiempos en el mar de cristal. ¿Estamos listos para esa reunión? ¿O aún nos falta dejar algo para encontrarnos con Cristo?

Antes de emprender su misión, los discípulos fueron llamados al monte, con Jesús. Antes del poder y la gloria de Pentecostés, vino la noche de comunión con el Salvador, las reunión en un monte de Galilea, la escena de despedida en el monte de los Olivos, con la promesa de los ángeles, y los días de oración y de comunión en el aposento alto (White, El ministerio de curación, pág. 407).

Oremos para que cuando el fin llegue, podamos ir a casa.


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