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«Abre mis ojos para verte»

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«Jehová abrió los ojos de Balaam, que vio al ángel de Jehová en medio del camino, con la espada desnuda en la mano. Balaam hizo una reverencia y se postró sobre su rostro» (Números 22: 31).

CUÁN HERMOSO es ver al ángel de Dios guiando por el camino correcto u obstruyendo el camino incorrecto. Así sucedió con Balaam. «Se levantó por la mañana, ensilló su asna y se fue con los príncipes de Moab, Pero la ira de Dios se encendió porque él iba, y el ángel de Jehová se puso en el camino como un adversario suyo» (Números 22: 21, 22).

Tres veces el asna libró a Balaam de la muerte, pero las tres veces la castigó duramente. ¡No solamente el animal vio al ángel, sino que también habló como ser humano! «“¿Qué te he hecho que me has azotado tres veces?” “Porque te has burlado de mí”, respondió Balaam y agregó: “¡Si tuviera una espada en mi mano, ahora mismo te mataría!"» (Números 22: 28, 29). La percepción espiritual del profeta en ese momento era pobre. Su mente estaba ofuscada, no podía ver al ángel, porque su camino era perverso delante de Dios. Merecía morir en ese momento y el ángel pudo haberlo matado, pero la misericordia de Dios lo cubrió. «¡Cuántos son así cegados! Se precipitan por sendas prohibidas, traspasan la ley divina y no pueden reconocer que Dios y sus ángeles se les oponen. Como Balaam, se aíran contra los que procuran evitar su ruina» (E. G. White, Patriarcas y profetas, pág. 472).

Muchos años después, se dio otra situación similar, que vale la pena recordar una vez más:

Estaba el rey de Siria en guerra contra Israel y en su cámara secreta planeó la estrategia para atacar al pueblo de Dios. El profeta Eliseo mandó a decirle al rey de Israel todos los lugares donde no deberían estar para evitar el ataque. El rey de Siria se enojó porque supo que Eliseo descubría su estrategia de guerra. Mandó a un ejército poderoso para tomar prisionero al profeta. Este estaba en la ciudad de Dotán. Llegó el ejército de noche y sitió la ciudad. Al amanecer, el siervo de Eliseo vio el ejército sitiando la ciudad y clamó: «Señor mío, ¿qué haremos?». Respondió Eliseo: «No tengas miedo, porque más son los que están con nosotros que los que están con ellos». Eliseo oró para que Dios le abriera los ojos y viera a los ángeles de Dios cuidando de ellos. Abrió los ojos y vio carros de fuego (2 Reyes 6: 8-23).

Que nuestra oración de este día sea: Señor, «abre mis ojos y miraré las maravillas de tu ley» (Salmos 119: 18), quiero ver tu grandeza y tu hermosura, quiero vivir disfrutando de tu paz. Guíame en cada paso que tenga que dar.


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