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Triste final de Balaam

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«Ahora huye a tu lugar; yo dije que te honraría, pero Jehová te ha privado de honra» (Números 24: 11).

UNA VEZ QUE BALAAM cumplió la voluntad de Dios de bendecir tres veces a Israel y no maldecirlo como deseaba Balac, se retiró y se fue a su lugar, a Mesopotamia. «Después de que llegara a su casa, le abandonó el poder del Espíritu de Dios que lo había dominado, y prevaleció su codicia, que hasta entonces había sido tan solo refrenada» (E. G. White, Patriarcas y profetas, pág. 480).

Estando allí, comenzó a recordar el ofrecimiento de los regalos y dinero de Balac. ¿Por qué no los había aceptado? Pensaba en la recompensa, en el pago de su salario. Así que maquinó un plan más efectivo que el anterior. Como no pudo maldecir al pueblo, ahora pensó que si las mujeres de Moab se mezclaban con los hombres de Israel y los inducían a la adoración de Baal-peor y a la inmoralidad, Dios se enojaría con ellos, les retiraría su bendición y los destruiría sin que Balac peleara con ellos.

Con esa idea en mente, regresó a Moab y le presentó el plan diabólico a Balac. A este le pareció una excelente idea, lo aceptó, le pagó bien y se quedó allí para ayudarlos a realizar el plan y ver los resultados.

Balaam presenció el éxito de su plan diabólico. Vio cómo caía la maldición de Dios sobre su pueblo y cómo millares eran víctimas de sus juicios; pero la justicia divina que castigó el pecado en Israel no dejó escapar a los tentadores. En la guerra de Israel contra los madianitas, Balaam fue muerto (Ídem, pág. 481).

Así lo confirma la Escritura: «También mataron a espada a Balaam hijo de Beor» (Números 31: 8). A aquel que rechaza los planes de Dios, su santa voluntad y se aparta del camino del bien, a menos que se arrepienta a tiempo y busque a Dios de todo corazón, le espera un fin desastroso. La gracia se retirará de él y quedará a expensas de las fuerzas del mal.

La suerte de Balaam se asemeja a la de Judas y el carácter de ambos resulta similar tanto Balaam como Judas trataron de alcanzar riquezas y honores. «Recibieron mucha iluminación espiritual y [...] gozaron de grandes prerrogativas; pero un solo pecado que ellos abrigaban en su corazón, envenenó todo su carácter y causó su destrucción» (White, ídem).

El consejo es permanecer en el camino de Dios sin permitir que la codicia, la ambición o las tentaciones de Satanás nos enreden. La voluntad de Dios es santa y perfecta. Prepárate para vivir cada día con el objetivo de llegar al cielo.


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