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Lo que agrada a Dios

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«Los que esperan en Jehová tendrán nuevas fuerzas, levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán» (Isaías 40: 31).

DIOS ES INCOMPARABLE, su poder no tiene límites. «Midió las aguas con el hueco de su mano, y los cielos con su palmo, con tres dedos juntó el polvo de la tierra» (Isaías 40: 12). Él no tiene necesidad de consejo alguno, ni de ser enseñado, porque las naciones son delante de él como una gota de agua que cae del balde o como nada ante sus ojos. «Él está sentado sobre el círculo de la tierra, cuyos moradores son como langostas; él extiende los cielos como una cortina, los despliega como una tienda para morar» (Isaías 40: 22).

Cuando Jesús estaba en la barca con sus discípulos y vino una gran tempestad que azotó fuertemente al barco, los discípulos se llenaron de temor; pero Jesús se levantó, reprendió a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma. Ese es el poder de Dios, es el creador del viento, la lluvia y el fuego. Isaías dice: «Levantad en alto vuestros ojos y mirad quién creó estas cosas, él saca y cuenta su ejército, a todas llama por sus nombres y ninguna faltará. ¡Tal es la grandeza de su fuerza y el poder de su dominio!» (Isaías 40: 26).

Quisiera invitarte a levantar tus ojos y mirar a Dios, el omnipotente, omnipresente, excelso, grandioso. Porque él lo conoce todo: dónde vivimos, cuál es nuestro nombre, carácter, conducta y corazón. Ninguno pasa desapercibido. Está al tanto de todo lo que sucede en el mundo entero; por eso debemos confiar en él. Jeremías menciona: «Maldito el hombre que confía en el hombre [...]. Bendito el hombre que confía en Jehová, porque será como el árbol plantado junto a las aguas» (Jeremías 17: 5, 8). Esperar en Dios consiste en depender de él para todo en la vida. Si esperamos en él, no nos dará todo lo que queremos, pero sí todo lo que necesitamos. A veces en la espera podemos pasar por el fuego, pero debemos seguir confiando en que él fortalecerá nuestra debilidad.

Cuando creas que las circunstancias de tu vida han llegado al límite y sientas que ya no puedes más, Dios estará allí y te dará las fuerzas para resistir en la fe. Esas fuerzas espirituales contrarrestarán a las fuerzas del mal. Así como los agricultores saben que las frutas más dulces son las que esperan en el árbol su tiempo de maduración, nosotros sabemos que si permanecemos conectados a Dios, él renovará nuestras fuerzas y nos sostendrá hasta su regreso.


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