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Dios mira el corazón

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«Jehová respondió a Samuel; no mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón» (1 Samuel 16: 7).

GENERALMENTE nos fijamos en la apariencia exterior de una persona para emitir un veredicto sobre ella y decidir si es buena o mala, amable o descortés, educada o vulgar. Es decir, juzgamos según las apariencias y no según lo que hay dentro del corazón de las personas. Sin embargo, para conocer realmente a una persona, debemos pasar algún tiempo con ella, a fin de saber qué hay en realidad en su interior, pues «de la abundancia del corazón habla la boca» (Mateo 12: 34).

La apariencia de una persona puede engañar, pero no su corazón. Un refrán dice: «Caras vemos, corazones no sabemos». Dios no valora lo que el hombre valora. Dios ve el corazón.

Cuando los primeros siete hijos de Isaí pasaron frente a Samuel, Dios guardó silencio. Samuel preguntó:

«¿Son estos todos tus hijos?» Isaí respondió: «Queda aún el menor que apacienta las ovejas». Y dijo Samuel a Isaí: «Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que el venga aquí». Cuando llegó, Dios le dijo a Samuel: «Levántate y úngelo, porque este es» (1 Samuel 16: 11, 12).

Dios mira con agrado el corazón que es verdaderamente cristiano, porque está lleno de amor, simpatía, sencillez y humildad, y porque lo refleja en su carácter.

¿Logras identificarte con David? Quizá las personas también te han menospreciado, han pensado que no tienes mucho valor o que no puedes hacer nada bien, pero Dios no te ve así. Medita en las palabras de Isaías: «Yo miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra» (Isaías 66: 2).

Dios está buscando hombres y mujeres de corazón sencillo y humilde para usarlos en su obra. No le importan tus características físicas, tu nivel de educación o tu clase socioeconómica. ¿Deseas ser como Saúl, un hombre respetado por todo el pueblo, pero rechazado por Dios? ¿O prefieres ser como David, un muchacho menospreciado por su familia, pero apreciado por Dios?


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