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Bajo la conducción del Espíritu

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«Samuel tomó el cuerno del aceite y lo ungió en medio de sus hermanos. A partir del aquel día vino sobre David el Espíritu de Jehová. Se levantó luego Samuel y regresó a Ramá» (1 Samuel 16: 13).

DIOS SIGUE LLAMÁNDONOS y está disponible para quien anhela encontrarlo. Cuando Saúl fue ungido como rey, Samuel le dijo: «El Espíritu de Jehová vendrá sobre ti con poder». Estas palabras fueron una realidad en su vida: «El Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y profetizó entre ellos» (1 Samuel 10: 6, 10).

La Biblia confirma que hubo una ocasión en que el Espíritu de Dios vino sobre Saúl y fue cuando los amonitas atacaron al pueblo y los israelitas los vencieron. Después de ese momento, la desobediencia de Saúl fue gradual. Cuando fueron a la guerra contra los filisteos, un sacerdote debía ofrecer el holocausto y las ofrendas de paz, pero Samuel se tardó en llegar y Saúl se atrevió a ofrecer los sacrificios, transgrediendo así el mandato divino. Así también ocurrió en el episodio contra los amalecitas, cuando desobedeció la palabra de Dios y dejó a algunos de ellos con vida. Así, el rey se retiró del Espíritu de Dios y se posesionó de él un espíritu malo que lo atormentaba (1 Crónicas 10: 13, 14).

Cuando David fue ungido por Samuel, el Espíritu de Dios descendió con poder sobre él. Por eso, todo lo que hacía era prosperado por Dios. Con ese poder mató al gigante Goliat, ganó muchas batallas, extendió su territorio, organizó a los levitas y el culto en Israel, compuso salmos y fue amigo de Dios. Sobre todas las cosas, fue obediente a la palabra de Dios: «Me regocijaré en tus mandamientos, los cuales he amado [...] es mi consuelo en mi aflicción, porque tu dicho me ha vivificado» (Salmos 119: 47, 50). A pesar de que David también pecó contra Dios, con el tiempo logró volver a cultivar la comunión con el Espíritu y fortalecer su vida espiritual (1 Crónicas 29: 28).

Cuando el Espíritu Santo se ocupa del creyente, cambia el corazón y transforma la conducta. Así como David, nosotros podemos ser llenos de su Espíritu y ser usados para su iglesia. El Espíritu Santo fortalece y capacita a los hijos de Dios a fin de cumplir la misión del evangelio en la tierra.


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